Luisa Fernanda Rudi estuvo presente en los festejos del Centenario del Centro Aragonés de Terrassa

Pastor preside la firma de un convenio decooperación en materia de seguridad ciudadana entre Fomento y la Generalitat de Cataluña

Portada revista Primacía nº 81 PITINGO

MALÚ “GIRA SI”

INDIGO PRODUCTIONS PRESENTAN "IRISH CELTIC"

“3 BODAS DE MÁS”

Homenaje al poeta Miquel Martí i Pol

SALVADOS PRESENTADO POR JORDI ÉVOLE CADA DOMINGO A LAS 21:30H

Uno de los grandes escritores de la literatura universal ha fallecido en México a la edad de 87 años

El programa "Tarde en La 2" ha entregado los premios "Continuará" de cultura 2014

PASCUA 2014

Manuel Carrasco pública nuevo disco Bailar el Viento

RAFAEL CATALA PARTICIPA en una jornada sobre EL EJE MEDITERRANEO en el nuevo Ciclo Europeo

MAGAZINE PRIMACÍA MAYO 2014

Diana Navarro Sinfónica - Gira 2014. Con la Orquesta Sinfónica del Aljarafe, dirigida por el maestro Pedro Vázquez

Entrevista en rueda de prensa a: Alex de la Iglesia

INSTINT PRESENTA LOS PRIMEROS PROTAGONISTAS DEL 2014

Donde estuve ayer volveré mañana - Jesús Pérez Marqués

La Unesco abre en Catalunya un centro para estudiar las Reservas de la Biosfera Mediterráneas

 

UN MOTIVO PARA RECORDAR Y ESCRIBIR SOBRE UN AMIGO FRANCISCO CANDEL 50 ANIVERSARIO DE SU LIBRO ELS ALTRES CATALANS

Entrevista a José Mota

DIANA NAVARRO - SINFÓNICA GIRA 2014

Entrevista a Aida Folch

MALÚ “GIRA SI”

INDIA MARTíNEZ DE GIRA CON " CAMINO DE LA BUENA SUERTE"

DAVID BISBAL – “TU Y YO” NUEVO DISCO Y GIRA

LA MINISTRA DE FOMENTO Y SU HOMÓLOGO FRANCÉS FRÉDÉRIC CUVILLIER, INAUGURARON EL AVE ESPAÑA Y FRANCIA

PREMIOS ONDAS 2013

EN EL HOMENAJE A LA CONSTITUCIÓN LA DELEGADA DEL GOBIERNO REÚNE POR PRIMERA VEZ A PSC,PP, Y C'S, EN BARCELONA.

Seat estrena la mayor planta solar de la industria del automóvil en el mundo

Víctor Corcoba Herrero nació el 6 de septiembre de 1958 en Cuevas del Sil, León. (ESPAÑA). Diplomado Universitario por la Universidad de Oviedo. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Reside desde 1984 en Granada (ESPAÑA).

Biografia y obra: Pulsa qui.

Me hace gracia ver como se estrellan contra la pared, y lo hacen tan panchos, como si nada, como si todo formara parte de sus alforjas y sus intrusismos y fuese ajeno el pan de molde de toda la vida, como si nada, como mentira, como si fuese ajena la realidad. En la distancia punto y seguido, toda una vida y mucho más. Víctor, caminante, amigo, poeta, pensador, escritor de los fueros del alma, hoy en esta sección de poemas y mas… te nombro hijo adoptivo del verbo y la palabra, de la voz y el poema, para que desde aquí como siempre has estado puedas ser como antaño y como ahora en primacía corresponsal desde granada en este espacio como en todos de los que ya has estado y hemos compartido juntos.

 

Jesús Pérez Marqués

Tras un intento de interferir y anular la sección de Víctor Corcova me he visto en la necesidad de matizar… toda una vida en el respeto mutuo y apoyo incondicional

Amigo, colaborador y corresponsal de la revista Primacía, publico con nosotros ( A pesar de... tus ojos saben a rimel de cartas", Editado por CEPAEC, Barcelona, 1992.) y desde entonces no ha parado de escribir en un amplísimo currículum que le lleva a esa generosidad y energía vital que le mantienen vivo.


LIBERARSE DE LA VIOLENCIA
(SIRIA ES SÓLO UN EJEMPLO)

Hay que liberarse de la violencia con la no violencia. Deben ponerse de acuerdo y pactar las divergencias sus responsables. La mano de los violentos ha de cesar de inmediato. Esto debe quedar claro. No entiendo como el mundo, a través de sus organismos internacionales, hace oídos sordos o no llega a pactos para poner fin de inmediato a los hechos violentos, como viene sucediendo con el pueblo de Siria y tantos otros. La violencia no conduce a ningún sitio, nada más que a la barbarie, y hay que impedir que se produzca, ahora y siempre, para que no se enraíce la tensión y se convierta en una atmósfera normal de la existencia humana. Con la violencia no se resuelve conflicto alguno, lo que se activa es el pánico y la desesperación de unos contra otros.

Siria hay que liberarla de la violencia. Mejor hoy que mañana. Es de vital urgencia. Hágase justicia, pues, o lo que sea preciso. Pero párese el calvario. Querer es poder. Quien acaba de hablar claro y hondo ha sido el embajador de Siria ante la ONU, Bashar Ja´afari, quien dijo que su país podría haber seguido el plan de la Liga Árabe si las naciones occidentales y otros actores políticos no hubieran destinado miles de millones de dólares a los grupos de oposición armados, ni los hubieran acogido en sus capitales para facilitar los ataques contra los civiles sirios. También el gobierno de Damasco atribuye la responsabilidad de la violencia a grupos armados no especificados, de matriz terrorista y que se han infiltrado desde el exterior. No olvidemos jamás que a los sembradores del terror lo único que les importa es avivar la naturaleza maligna en la ciudadanía, y alistarla entre sus filas para entablar una guerra psicológica, que desprecie la vida y así poder matar ciegamente.

Los violentos intentan comprarnos para modificar nuestro comportamiento, provocando miedo, incertidumbre y división social. Es lo que ha pasado en el proyecto de resolución para Siria, que apoyaba el plan de transición propuesto por la Liga de Estados Árabes, y que fue vetado por el propio Consejo de Seguridad de la ONU, a través de miembros permanentes de ese órgano, como son Rusia y China. ¿Cómo puede ponerse veto a quien condena y pide el fin inmediato de la violencia contra la población civil?. Precisamente, lo que quieren los violentos es tener más tiempo para seguir injertando dolor y dudas al pueblo que sufre. Es cierto que no es aconsejable interferir en los asuntos internos de países, pero el caso de Siria, es una cuestión tremenda que está golpeando especialmente a los niños y mujeres.

Siria, como tantos otros pueblos del planeta, han de construir caminos de paz, redoblando el diálogo y aumentando el espíritu democrático, para poder huir de sistemas violentos, que lo único que potencian es el lanzamiento de odios para desestabilizar un país. Un mundo aterrorizado como el que se gesta actualmente merece actuaciones directas y contundentes. La primera actuación, trabajar por la justicia, sin la cual no puede haber sosiego. Y como segunda actuación, el cese de toda violencia. La misma convivencia familiar está crecida de escenas violentas que se han sociabilizado. El comportamiento violento no es algo innato, se adquiere, se aprende y se desarrolla. Por eso, el contexto cultural de violencia en el que crecen hoy en día muchas personas es un factor de riesgo para el mundo.

De ninguna manera se puede vetar a los que quieren poner orden y paz en situaciones violentas. La omisión, la indiferencia, el mirar para otro lado, resulta intolerable y no tiene justificación alguna. Vivimos una crisis de legalidad, extensible a la legitimidad que han de fomentar las organizaciones internacionales. Las leyes son importantes en el ordenamiento de la convivencia mundial y estas instituciones han de tener mayor capacidad y mejores actuaciones. Se vive un estado de corrupción permanente en el mundo, en parte porque se han relajado las normas de convivencia, los mismos derechos humanos que dignifican a las personas y a los pueblos. Ante un hecho violento, insisto, la intervención tiene que ser inmediata.

Ciertamente, también existen en la conciencia de cualquier colectividad reglas no escritas, pero que son el fundamento para corregir la conductas desviadas. El ser violento, desde luego, es una acción que contradice al propio ser humano. Por tanto, no caben medidas templadas, o remedios de espera, cuando el mal que se vierte es tan violento como matar vidas humanas. La pérdida del sentido humano, ha llevado a mucha gente al desprecio de la vida, lo que favorece un ambiente que influye negativamente en la formación de la conciencia y de los valores humanos. Estamos, pues, ante un problema, el de la violencia en el mundo, que se solucionará con la aplicación de la justicia y el derecho, adjudicado a una organización mundializada, que tenga como fin supremo, un mundo reconciliado. No olvidemos que frente a la hambre de justicia que respira hoy el mundo, con tintes de venganza muchas veces, en este tormento de violencia que lacera el planeta, la reconciliación de pueblos y familias se realiza en plenitud cuando se entretejen el perdón que se pide y el perdón que se otorga.

Perdonar nos libera hondamente: nos redime del rencor y de nuestra fijación en el pasado y nos capacita para asumir la responsabilidad de crear maneras nuevas de entendernos y comprendernos. Por consiguiente, Siria, es tan solo un ejemplo de tantos que no debe dejarnos impasibles. Una votación en un Consejo de Seguridad no ha de desanimarnos, sino todo lo contrario, es un aliciente más para seguir trabajando.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
5 de febrero de 2012

 

 

EL RETORNO A LA PALABRA

Después de haber sufrido una parada cardiaca el pasado mes de noviembre, y de
tener que convivir, a partir de ahora con un DAI (Desfibrilador Automático Implantable), la vida te cambia. El dolor, la enfermedad, son manifestaciones que siempre nos plantean mil interrogantes. En todo caso, considero que es bueno no dejarse de hacer preguntas. Todo lo contrario a lo que hoy busca la sociedad, que no suele ir más allá del sueño del bienestar y el consumismo, del afán y el desvelo por ser productivos, lo que conlleva que apenas tengamos tiempo para pensar por nosotros mismos. Como quiera que el pensamiento y la expresión son semejantes, aquí estoy de nuevo, con el retorno a la palabra, que espero sea como la lluvia fina o como una caricia de primavera. En cualquier caso, reconozco no tener palabras para compartir lo vivido, me desbordan los sentimientos del alma.

El retorno a la palabra nos insta, en estos días próximos a la Navidad, a profundizar en el documento más ecuménico, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Un punto de encuentro y de reencuentro para la reflexión y las acciones conjuntas. Evidentemente, se trata de uno de los libros más recopilados, traducido y difundido, y esto es bueno, puesto que es a partir del conocimiento de la realidad, donde el significado de la vida humana se percibe de otra manera, sobre todo si contemplamos los hechos a partir de la observación. Todas las culturas están llamadas a entenderse y a comprenderse desde unas exigencias éticas que todos debemos considerar, a través del reclamo permanente de los derechos humanos. El día que los humanos estén formados e informados en la autenticidad de tales derechos, las sociedades serán más justas y las personas más honestas.

Todos necesitamos de todos para que los derechos humanos vayan más allá de la letra impresa o de las conmemoraciones. Millones de personas esperan un juicio justo. La violencia sexual se dispara en muchos países. Las persecuciones religiosas tampoco cesan. Niñas y niños siguen siendo víctimas de crímenes de guerra. Las palizas, detenciones arbitrarias, torturas y otros malos tratos continúan sin pasar a la historia.... El mundo necesita más que nunca diálogo. No puede admitirse la intolerancia, la discriminación, o el prejuicio racial. Así pues, en un mundo cada día más globalizado, no ha de cesar la obligación común de promover y definir más auténticamente los derechos humanos. En los últimos tiempos se han vuelto frágiles, precisamente, por esa falta de valor ético. Innumerables personas, mujeres, hombres y niños, carecen de derechos y son despreciados cruelmente.

La palabra derechos humanos no tiene sentido mientras haya personas sin derecho a nada. La verdadera cultura de los derechos humanos, que debiera ser cultivo en todas las sociedades que aspiran a que funcione el Estado de derecho, no se tiene en cuenta ni en la dimensión educativa. Puede figurar en los programas, pero no se transmite como lección fundamental. A veces me da la sensación que retornamos a la caverna. Sólo hay que leer las páginas de sucesos de cualquier medio de comunicación. Aumentan las desigualdades e injusticias como jamás. Deberían crearse comités de ética en todas las disciplinas. Nos alegra, pues, que la nueva ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, que ahora entra en vigor en España, haya creado un Comité Español de Ética de la investigación. Confiemos en que no sea un añadido más. Una persona sin ética, por muy formada que esté, es un ser deshumanizado. Por eso, la ética no puede entrar en crisis, precisamos más que nunca humanizarnos unos a otros.

Para los que cultivamos la palabra, el ser humano ha de ser lo más importante. La pérdida de los derechos humanos es siempre una derrota contra la humanidad, contra todos; puesto que su declaración (Declaración Universal de Derechos Humanos) es un momento memorable en la historia de la convivencia humana, una expresión fundada en la dignidad humana y orientada hacia la concordia. Por consiguiente, urge seguir construyendo un mundo donde todas las personas se sientan respetadas humanamente y aceptados socialmente, donde las relaciones entre personas se base en el respeto, el diálogo y la solidaridad. Los derechos humanos tienen un papel social indispensable en un mundo como el actual. No olvidemos que en su raíz, la crisis financiera no es tanto un fracaso del ingenio humano, sino más bien de conducta ética.

Lo mismo sucede con el desarrollo global es, en su esencia más profunda, una cuestión moral. En Europa se habla de refundar una nueva Europa o de dejar morir el euro. Despuntará así, la Europa de las diversas velocidades, donde las injusticias se multiplicarán. En África millones de personas se están muriendo de hambre, mientras en otros lugares se derrochan productos. América Latina se desmiembra de la tutela de Estados Unidos y de Europa. No es bueno desde luego que el orgullo nos divida. El pueblo sirio lucha frente a un régimen sanguinario y despótico... Son algunos ejemplos que deben llevarnos a discernir y pensar que el sentido ético, ha de ser el fundamento de todo gobierno. Cuando desparece de una nación, toda la sociedad camina hacia la derrumbe.

¿SE PUEDE ALCANZAR LA PAZ SIN DERECHOS HUMANOS?

El deterioro de los Derechos humanos es una realidad. Observadores internacionales muestran, con frecuencia, su consternación al mundo ante el aluvión de hechos horrendos donde nadie respeta a nadie. Se cometen crímenes contra la humanidad y nos estamos acostumbrando a ello. Es lo peor que le puede pasar a una civilización, caer en la resignación del suicidio cotidiano, y no hacer nada por quitar este mal del camino. En multitud de países miles de personas son arrestadas injustamente, desaparecidas y torturadas junto a sus familias, que sufren el mismo calvario. La humanidad, toda la humanidad, debiera hacer piña ante estas gravísimas situaciones y reafirmar el valor de la persona humana, totalmente devaluada y despreciada cuando deja de tener interés para la clase pudiente. No se puede hablar de que una humanidad progresa, mientras cohabite la desesperación en los débiles y el divertimento en los poderosos a costa de las personas más frágiles. Hemos alcanzado las más altas cotas de odio y venganzas, de miseria y de injusticias, a pesar de llenársenos la boca de ser protectores y defensores de los derechos humanos. ¿Qué está fallando, pues? Estoy absolutamente convencido de que ninguna economía del mundo puede ayudar a que avance el ser humano. El mundo precisa paz permanente y esto sólo se consigue partiendo de que todos somos necesarios para injertar el bien, que de momento suelen merendárselo cuatro poderosos para sí y los suyos.

Sin derechos humanos todo está perdido. Por cierto, esa fuerza global emergente de indignados, que parece ser que es a lo que aspira el movimiento, si quiere expandirse y protagonizar el gran cambio en el mundo, lo mejor que haría sería desempolvarse de políticas o de poderes, y tomar como rumbo el compromiso con los más débiles, con ellos mismos, ya que por principio el ser humano es un ser débil, con el añadido cada día más creciente de que multitud de personas son a diario víctima de gobiernos inmorales que pretenden dirigir a su antojo la sociedad. El punto de encuentro ha de ser siempre la persona y sus circunstancias. Por eso, estimo el deber de renunciar a las ideologías, a las consignas de los poderes económicos y sociales, y salvaguardar la dignidad humana en todo momento y en todo lugar. Urge, como jamás, poner en cultivo la justicia social desde uno mismo. Está visto que por mucho que los derechos humanos hayan tomado fuerza jurídica, en cuanto que se incluyen en las constituciones y, por ende, en el ordenamiento jurídico de los Estados, de nada ha servido. Por consiguiente, la indignación de estos indignados será más creíble, y por tanto, en la medida que sea creíble será también motor de cambio, si en verdad su compromiso de lucha es voluntario e incondicional hacia los más vulnerables y marginados.

Hay cuantioso trabajo que hacer. El menosprecio a los derechos humanos siempre genera episodios de crueldad. El malestar es global, en parte porque las prácticas democráticas en el mundo no son tales, y también, porque la libertad y la dignidad, a lo sumo se presuponen, pero no se respetan realmente. Y así, tampoco se puede alcanzar la paz que todos pedimos, más de boquilla que de corazón. Mucho se habla de cultura global en referencia a los derechos humanos, sin embargo, a juzgar por las tremendas injusticias que soportan personas inocentes, más bien parece todo un puro teatro, para muchos seres humanos auténtico drama inhumano cien por cien. Habría, pues, que junto a la aceptación de ese cultivo pacifista que son los derechos humanos, más allá de la letra, debiera llevarse a cabo la puesta en práctica concreta de su espíritu. Todo sucede en el espíritu, en uno corrompido no cabe la solidaridad. Precisamente, cada contienda es un menoscabo al espíritu humano. La paz sólo podrá tener lugar a través del desarrollo del respeto a los derechos humanos y, por supuesto, dentro de un espíritu de verdad.

Los derechos humanos son, desde luego, ese espíritu auténtico que el mundo precisa cultivar. Y ahora me surge la pregunta: ¿Qué es un espíritu cultivado? Sin duda, aquel que sabe mirar y ver las cosas desde diversos lenguajes. Esto no se enseña hoy en las escuelas, ni en los centros de creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura. Tampoco la dimensión educativa llega a los más pobres. Y a los que llega, lo hace de manera interesada, obviando la dimensión espiritual y transcendente de la persona, sobre todo en el momento actual en que todo gira alrededor de una dimensión, la económica, sin la cual no parece haber otro desarrollo. Maldita necedad. El ejemplo más reciente lo tenemos en la asignatura Educación para la Ciudadanía, que tantos conflictos ha provocado en la sociedad española y que aún hoy muchos padres siguen objetando y luchando contra esta forma de adoctrinamiento escolar. Ahora resulta que el Comité de Derechos Sociales del Consejo de Europa les ha dado la razón, el estudio de esta disciplina demuestra que incumplen varios tratados y acuerdos internacionales, como la Carta Social Europea y los Principios Orientadores sobre la enseñanza de las religiones, así como algunas comunicaciones del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. De la reflexión sobre la dimensión transcendente de la persona es de donde deriva la obligación de proteger y promover los derechos humanos, y no, del capricho de los políticos de turno. Únicamente de este modo, desde el cultivo de la verdad, o lo que es lo mismo, desde los innatos derechos humanos, se puede edificar una sociedad más humana y pacífica. De lo contrario, la paz no será posible.

LA EXPLORACIÓN ESPACIAL
COMO RESPUESTA A LOS PROBLEMAS ACTUALES

Somos seres en permanente búsqueda, va con nosotros de la mano el deseo de indagar por mar, tierra y aire, es nuestra sombra y el asombro el que nos mueve con desvelo. Explorarnos nosotros, quizás sea lo más difícil, y explorar los alrededores que nos cobijan, tal vez sea un imposible, porque siempre nos quedarán territorios sin poder rastrear, pero sin duda esta aventura es la que nos hace más libres y también más grandes. Estoy convencido de que muchos de los problemas que hoy atraviesa el mundo se ven de otra manera desde el espacio. A veces pienso que somos un pedazo del universo hecho corazón que no se merece el sufrimiento de la tierra. La verdad que cuesta entender la sublevación de culturas contra culturas, por nada, porque la vida es lo único que realmente vale la pena salvaguardar, al menos de la estupidez del vencedor y del rencor del vencido.

Hay que seguir buscando. Siempre buscando. De entrada, apremia mudar de aires hacia los que lleven menos suspiros. Personalmente, a mi me atormentan los vientos que asesinan a los inocentes y, me deja sin palabras, ver la sangre de tantas almas vertidas por la flojedad de la especie. Tenemos que cambiar el planeta desde el corazón y no desde el poder. Un corazón abierto es un corazón radiante, puesto que únicamente necesita verse en el verso para ser feliz. No en vano, quién sabe de poesía todo lo sabe y, sabe que el dolor, es un invento humano para desgracia de sí mismo. Desde luego, pienso, que cuántas más personas se comprometan a no hacer oídos sordos a esta exploración innata al individuo, será mejor para todos, en la medida que avanzaremos mucho más en la comprensión estética que impera en el universo y que debe gobernar la tierra con urgencia.

Dicho lo anterior, celebro que Naciones Unidas inste a la humanidad a reflexionar del 4 al 10 de octubre sobre el espacio que nos circunda, poniendo de relieve este año los cincuenta ciclos anuales de vuelos espaciales tripulados, subrayando, como es de justicia, la gran contribución de la ciencia y la tecnología espacial al mejoramiento de la condición humana.

Ciertamente, el cielo siempre nos ha atraído y ha sido el sueño de todo mortal. Junto al deseo de abrazar la inmensidad del cosmos y el dinamismo que lo impregna, considero, además, que es bueno valorar lo que se tiene. Concurre a un deleite indescriptible observar que los satélites de comunicaciones nos ponen en contacto unas culturas con otras, para mejorar el conocimiento o prestar auxilio. Es, igualmente, un acontecimiento que también invita a recrearse como seres pensantes, advertir que gracias a los satélites de teleobservación se pueden predecir muchas situaciones, como proteger vidas y el medio ambiente; aparte de que ofrecen abundante información para tomar decisiones.

Permítame el lector, citar como referencia algunos de los miles de beneficios de la utilización del espacio. Naciones Unidas, por situar algunos hechos concretos, suele recurrir a la tecnología espacial en infinidad de intervenciones: desde un simple medio para combatir la contaminación marina hasta la elaboración de mapas útiles para proteger la paz o, sencillamente, para detectar las zonas de cultivo de drogas ilícitas. Ante estas realidades, creo que nos conviene a toda la humanidad seguir utilizando este espacio ultraterrestre, sobre todo para mejorar las relaciones entre los civilizados y el desarrollo del diálogo, pero siempre con fines pacíficos y con objetivos globalizadores de ayuda.

Como todo lo que explora el ser humano, y por aquello que es mejor prevenir que curar, la exploración espacial puede desempeñar una función vital en todos los aspectos de la vida cotidiana y ser la respuesta a los problemas actuales, pero también puede ser algo tremendo para la humanidad. Pienso, por ejemplo, en la utilización de satélites como armas o el emplazamiento de armas en el espacio ultraterrestre que es de todos. También reflexiono sobre esa gran afición por la astronomía; una ciencia de observación cada día más difícil de experimentar, por la interferencia de las manos del hombre, en parte debida a fuentes luminosas o desechos humanos. Por desgracia, vivimos tiempos de poca ética y de mucho bestia salvaje con poder en plaza, incapaz de preservar la armonía de la humanidad con el universo. No obstante, el que Naciones Unidas utilice cada vez más la ciencia y la tecnología del espacio en su amplia gama de actividades, contribuye a injertar sosiego y confianza en el planeta.

Sirva, pues, esta semana mundial del espacio para seguir reflexionando sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, y el de todos sus cuerpos celestes, sabedores de que la ciencia es la estética de la conciencia inteligente que el astro precisa. Las inmoralidades, tan propias del mundo actual, desdicen el espíritu científico y desorientan la búsqueda del bien. Que sepamos que nada vale el universo si deja de ser el verso que injerta vida como tampoco nada vale la exploración espacial si confundimos imaginación con ciencia. Evidentemente, el respeto por la búsqueda y el espacio que nos rodea, requiere, ahora más que nunca, una cuidadosa observación y un persistente juicio crítico más allá del ojo de la mente, sobre lo cual siempre cabe discusión.


Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
2 de octubre de 2011

 


¿EL MUNDO SUEÑA CON UNA PRIMAVERA DEMOCRÁTICA?

A pesar de los muchos entresijos, creo que el mundo sueña con vestirse de auténtica primavera democrática, porque ya está harto de obedecer órdenes sin tener voz. La hoy desorientada y desunida Europa, de la que es capitana mayor la heroica Ángela Dorothea Merkel, junto a sus velocistas menores y pequeños, en esto de dar valor a lo demócrata, el consenso al menos gobierna el lenguaje. Otra cuestión es pasar de las palabras a los hechos, pero el Tratado de Lisboa, no entiende la Unión sino se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos. Por cierto, a mi manera de ver, Europa debiera encabezar ese referente de compromiso real con una vida en democracia. Por otra parte, las vueltas y revueltas de Oriente Medio, África y tantos otros lugares del planeta, surgen casi siempre de un pueblo cansado y oprimido, deseoso de que el respeto, el diálogo y la cooperación entre diversas culturas, civilizaciones y pueblos, pase de ser una apariencia a ser una evidencia.

Podemos reafirmar que la democracia es un valor universal, pero si no se universaliza realmente, tiene poco sentido ratificar nada. Mejor rectificamos con más democracia que es como se cura cualquier mal antidemocrático. Desde luego, hay que tener democracia hasta para forjar una revolución. Justo por ese carácter global todos somos responsables de proteger a la humanidad del genocidio y de tantos crímenes de guerra y de depuración étnica que se suceden a diario. La democracia tiene que oírse más y verse mejor. No puede ser una referencia ni ningún referente, si la ciudadanía permanece pasiva en lugar de enérgica y activa como corresponde a unos soñadores de libertad. Una sociedad demócrata tiene que sabe discernir y actuar a tiempo, para poder ejercer sus responsabilidades de control a los gobiernos para que funcionen de manera democrática. El día que los derechos humanos y el estado de derecho no estén protegidos, como lo deben estar en las auténticas sociedades democráticas, será muy complicado, por no decir imposible, convivir en el planeta.

Por tanto, partiendo de esa convivencia en armonía que todos nos merecemos al nacer, vale la pena concienciar a todas las generaciones del mundo de la necesidad de impregnarse de cultura democrática, o lo que es lo mismo, de empaparse de acciones y opciones participativas e inclusivas. Valoro, pues, muy positivamente el recordatorio de la ONU, el 15 de septiembre -día internacional de la Democracia-, porque es una manera de preservar las democracias y de incentivar los valores democráticos. Es mucho el trabajo que debemos realizar, sobre todo porque el mundo se ha globalizado y tenemos mucho que restablecer y cimentar con renovadas democracias. Parte de esta crisis económica que hoy aflige al mundo, se debe a un retroceso democrático; porque una cosa es que se nos llene la boca de demócratas y, otra muy distinta, son esas democracias corruptas a más no poder, que no admiten transparencia ni participación del pueblo.

Está visto que cualquier bofetada en los avances democráticos es un infortunio para el progreso de cualquier país. Ello nos impone una responsabilidad ciudadana de apoyo total, sin condiciones ni condicionantes a la gobernanza democrática verdadera, si ésta en verdad lo es, buscando el bienestar de la población y la cohesión social. Se dice hasta la saciedad, buscar la equidad y la superación de la pobreza, como corresponde a los valores democráticos, pero ciertamente cuesta entender tantas contradicciones entre la expansión de la democracia y la economía, entre la política y la ciudadanía, entre la sociedad y el mismo Estado. Las preguntas me surgen de momento, ¿se podrá llegar a un desarrollo que no sea excluyente? ¿Si se puede erradicar la miseria desde los valores democráticos, por qué no se hace? ¿Los corruptos por qué siguen gobernando, o en la retaguardia, y no se les hace justicia, de que devuelvan lo robado? Son tantos los interrogantes, y tan pocas las respuestas convincentes, que sería bueno pensar si todos estamos decididos a sembrar el mundo de valores democráticos, y de participar en esa siembra con todas sus consecuencias.

El mundo puede soñar una primavera democrática, que por supuesto ya es algo fundamental, porque nada se puede hacer si no se quiere hacer. Ahora bien, las sociedades democráticas, que por cierto muchas no lo son aunque se autonombren así, debieran reconsiderar sus posturas. Se puede proponer que se cultive entre la gente los valores democráticos, que en definitiva son valores humanos, pero jamás imponer la democracia a nadie, ni venderla como un producto más de exportación, porque tiene que ser la ciudadanía, desde su propia cultura, la que decide modos y maneras o modalidades democráticas de gobernarse en esta vida. Esto deberíamos tenerlo todos en cuenta, la civilización humana en pleno, y, posteriormente, hacer familia alrededor de las Naciones Unidas que apoyan elecciones libres y limpias. Al fin y al cabo, la democracia precisa de la moralidad de sus electores y elegibles, si no quiere caminar contra lo que se intenta defender y estimular.


LAS URGENCIAS DEL MUNDO
Las urgencias del mundo andan crecidas en un planeta en el que con dinero se puede comprar todo. Nunca se han perdido tantas dignidades como ahora. Es tan urgente como preciso avanzar en un mundo libre de miedos en el que se multiplican las locuras y, también, se divide la humanidad por tormentos y tormentas. El mayor tormento es que el lenguaje de las armas, incluidas las nucleares, siga imponiendo su amedrentadora voz. Por otra parte, mil tormentas de sangre, sudor y lágrimas, del hombre contra el hombre, se ciernen a diario por los caminos de la vida. Un necio a punta de chulería acaba de robar la sensatez a un joven. Un joven insensato termina de escupir a los labios de un abuelo. Un lobo, vestido de macho, destruye la belleza que ayer conquistó. ¡Qué falta de respeto y cuánto amor nos falta! Desde luego, las tempestades más dañinas son las provocadas por el hombre; y, lo peor, es que nadie acierta en el injerto de un nuevo pacifismo que libere al inocente.

Por desgracia para el mundo y para sus moradores, en las agendas de los poderosos, la palabra honestidad cuenta nada en sus negocios. La corrupción y el abuso de poder están a la orden del día, por mucha norma ética que nos inventemos o moral pública que nos autoproclamemos cultivar. Todo está revuelto y el revuelo también lo suelen sufrir en propio corazón los más honestos. Para dolor de toda la humanidad, observo que cada día son más y más los vivientes que parecen nacer con el veneno incorporado a los genes, trepan como reptiles y destripan a los débiles como divertimento. La bondad no existe en esta selva de inhumanos encorbatados de maduros. Querer ser bueno es un signo de inferioridad en este mundo de listos con guante rojo. Tal vez, por esa confusión de doctrinas amortajadoras de inocencia, habita tanto infeliz por las calles. Ha olvidado, o le han hecho olvidar por prescripción, la idea aristotélica de que “solamente haciendo el bien se puede realmente ser feliz”. Qué pena de practicar el deporte de los leones en un orbe de poesía. Con lo placentero que sería vivir a base de darnos vida unos a otros, en lugar de meternos en vena odios y venganzas.

Ciertamente, debemos volver cuanta antes a convivir, en complicidad, con la magia del mundo; con el paisaje sorprendente de la naturaleza y hemos de dejarnos llevar, mejor hoy que mañana, por su manifiesto de versos. Tener que convivir con tantos menús de guerras entristece a cualquiera. No hay hábitat que soporte el martirio de los proyectiles y las bombas sobre el campo de los poemas. Este año, 2011, se conmemora el vigésimo aniversario del cierre del polígono de ensayos nucleares de Semipalatinsk. Qué bueno sería que todos cerrasen y pudiésemos decir: que un mundo sin armas nucleares es posible. Hasta hoy sabemos que más de la mitad de la población mundial vive en un país que tiene armas nucleares. Quizás tengamos que hablar menos y hacer más, por ejemplo, poner el alma antes que las armas en los que sufren.

Tampoco sé quiénes son los que penan más, sólo sé que desearía curarles del dolor y, servidor, curarme del espanto. Quizás a usted le pase lo mismo. Ya somos dos… y dos podemos hacer un mundo distinto.

 


EL CALVARIO DE LA EUROZONA


Bien es sabido que la unión siempre fortalece. Por muchas margaritas de incertidumbres que nos metan por los ojos, la unidad, sí espiga auténtica, es ley suprema de todo progreso. Lo que sucede es que los países de la Eurozona (o zona euro) no trabajan lo suficiente en conjunto y por Europa. Esta división, sin duda, facilita que los azotes del miedo y la falsedad tomen posiciones privilegiadas. Las respuestas unitarias siempre son más efectivas que las fragmentadas, teniendo en cuenta además que los mercados se mueven más por la codicia que por el desprendimiento, por los intereses del poder antes que por las necesidades de la ciudadanía. Por consiguiente, a mi juicio, Europa tiene que pensar mucho más como Europa, y no como suma de países, alrededor del euro. Así, por ejemplo, la deuda no ha de ser de un país o de otro, sino del grupo de la eurozona, y como tal ha de redimirse. Esta interdependencia europeísta, para ser justa, en vez de conducir al dominio de los más fuertes económicamente, al egoísmo de las naciones que caminan en la primera velocidad, debe hacer germinar nuevas formas de solidaridad, que respeten la igual dignidad de todos los países.

Saber compartir esfuerzos y sacrificios, suscitar la participación europeísta entre todas las naciones de la zona euro, es tan preciso como necesario. Por desgracia, detrás de toda crisis suele cohabitar un déficit de ética en los sistemas financieros, así como funestas gestiones en las arcas de los diversos Estados. Ha llegado el momento, pues, de que el continente europeo se alce en una sola voz, bajo una reflexión en común, la corresponsabilidad de todos los Estados de la Unión. Ciertamente, los mercados pierden la confianza porque no están dispuestos a perder divisas. Las elevadas tasas de desempleo y de endeudamiento de algunos países difícilmente van a generar seguridad y convicción. Por ello, es urgente buscar soluciones para evitar un derrumbe generalizado. Desde luego, los países de la eurozona mejor previstos también tienen la responsabilidad moral de aceptar una más amplia cooperación y colaboración hacia las poblaciones más indefensas.

Ante estos hechos, pienso que ha llegado el momento de que los dirigentes de la Unión Europea, injerten las medidas ineludibles para hacer valer el euro como moneda de confluencia de todos con todos. Por tanto, estimo que se tienen que establecer, mejor hoy que mañana, cuantas disposiciones se consideren justas y fundamentales para que el continente avance, o la aventura de la unión monetaria se vendrá abajo, con unos efectos terribles para todo el continente y para el mundo entero. La casa europea tiene que construirse en base a una sociedad próspera y estable, ensamblada a un interés europeísta genérico. Sólo así se puede proteger Europa del acoso injustificado de los especuladores. Evidentemente; los mercados nos pueden fallar, las personas cultivadas en el buen proceder jamás.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
3 de agosto de 2011

 


 

 

LA NEGLIGENCIA PASA FACTURA


Lo peor que le puede pasar a una sociedad es perder los modos y abandonar sus deberes sociales. Hace tiempo que el mundo precisa actuaciones diligentes, que se omiten o se hace un mal diagnóstico de la situación. Sucede con el tratamiento de la galopante crisis que padecemos en todo el planeta. El análisis tiene que ir más allá de la mera recuperación de los sistemas financieros, y las políticas económicas han de considerar necesariamente sus consecuencias sociales para poner remedio. Por este mal dictamen en la solución de la crisis, que es global, el impacto está siendo gravísimo en países con sistemas de protección social endebles, como reconoce el Informe sobre la Situación Social 2011 publicado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU (DESA).

Está bien que se recuperen los sistemas financieros, pero no, (¡jamás!), a expensas de devaluar los sistemas educativos, alimentarios o de salud, que afectan al bienestar humano. Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de gestionar los bienes y de administrar el poder, prestando más atención al bienestar de sus pueblos, lo que exige más aplicación y más previsión, será difícil imaginar que se pueda salir de esta crisis.

Por otra parte, el mercado laboral, que al fin y al cabo es el que injerta el nivel de bienestar al hogar, es cada día más selectivo y más escaso. Las negligencias en las políticas centradas en el empleo acrecientan la pobreza en el mundo. Desde luego, las fuerzas sociales tienen que trabajar mucho más diligentemente por la causa común de generar empleo, por ampliar la protección social, por respetar las normas laborales, por promover el diálogo social y por fomentar una globalización equitativa.

Ciertamente, no se puede avanzar hacia una nueva era de justicia social, mientras el mundo actúe con dejadez en las políticas sociales. Realmente, pienso que nos puede la desgana social, la desidia e indiferencia hacia el pobre, lo que hace imposible progresar verdaderamente en el ideal de un desarrollo sostenible solidario. Bajo estas mimbres cortas y mezquinas, tenemos lo que tenemos, una realidad colapsada de incertidumbres, con unas familias ahogadas que ven que sus necesidades y aspiraciones no son realmente una prioridad para los gobiernos de turno. Nos preocupan las instituciones financieras que no vayan a la quiebra, pero nos importa un rábano que quiebre la persona. ¿Cómo pueden ser más importantes las finanzas que los seres humanos? Cuánta pena y qué calvario tener que acostumbrarnos a convivir con el sentimiento de injusticia. Yo me niego. Nuestra responsabilidad colectiva es impedir que la crisis siga afectando a los más débiles, que son los que evidentemente están pagando la factura, por negligencia de los poderosos sobremanera.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
22 de junio de 2011

 

LA LUZ QUE NOS PERMITE VER

La luz que nos permite ver hay que buscarla en la brisa del mar, por los caminos del aire, en las espigas del sol, en la propia belleza de la vida. En un mundo como el actual, a menudo marcado por mil adversidades generadas por el propio ser humano contra sí mismo, tenemos el deber de ofrecer un cambio de actitudes, un rejuvenecido anuncio de esperanzas que reavive otra esperanza y otra… Cuando uno pierde la ilusión por vivir es incapaz de percibir que en cada amanecer habita una balada de sentimientos que vale la pena gozar y compartir.

Hemos de abrir los ojos a la vida y dejarnos sorprender por ella. La vida no se ha hecho para malgastarla, ni para entrar en batalla unos contra otros, sino para vivir la luz que nos embellece, que no es otra que la bondad y la virtud. El ser humano tiene que valorar mucho más esos caminos inmensos llenos de posibilidades, que es la propia existencia, o sea, el deseo permanente por coexistir unos junto a otros. Estamos obligados a entendernos y a comprendernos. No se puede olvidar que el planeta somos todos y lo hacemos entre todos los seres humanos.

El amor es la auténtica luz que nos puede salvar de las garras de la desesperación. Ama y haz lo que desees, porque todo será como un bálsamo de luz en medio de las sombras. Es una receta que cura todos los males. Los moradores de este planeta debemos saciarnos de amor, cultivar el amor, entregarnos al amor, pero a un amor que escucha y corrige, a un amor que perdona y advierte, a un amor que mira con malos ojos todo lo que no es amor verdadero. Para combatir la plaga del odio, para respetar a las mujeres y niños, para avanzar hacia la paz, la única fuerza y la única luz que hay en esta vida viene del afecto con el que nos alimentemos.

Quien pone el discernimiento es la conciencia, un instinto que nos lleva a juzgarnos, –como dijo Immanuel Kant-, a la luz de las leyes morales. Perdida la moral nos alcanza la noche y sus angustias. El mundo debe recuperar su propia humanidad y aprender del semejante más que intentar convencer. Uno tiene que ser lámpara que ilumina y, a la vez, espejo que refleja mansedumbres. La entereza no teme a ninguna de las luces, ella misma resplandece por si misma y nos permite saber mirar y ver. Es fundamental que la brillantez de las ideas se injerte en nuestro diario. Al pan, pan, y al vino, vino, que dice el refranero.

Palabras hondas y claras siempre dan luz. En los países verdaderamente democráticos, es la claridad con la que se exponen las políticas quien gobierna. Por desgracia, la transparencia, la rendición de cuentas y una gobernanza aglutinadora, vemos que ha retrocedido en muchas partes del planeta. Tanto es así, que debemos buscar la luz de los auténticos demócratas con urgencia y ponerlos manos a la vida. Ellos son el referente que el mundo precisa antes de que nos sorprenda la oscuridad para siempre.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
1 de junio de 2011

MANOS A LA PAZ; LO MÁS IMPORTANTE

Precisamos todas las manos del mundo para la paz. La de los indignados también. Si hemos de luchar que sea siempre con verso en ristre. Uno puede estar ofendido por mil razones, pero ha de ser paciente y creativo. La paciencia tiene más poder que la fuerza. Por otra parte, la creatividad requiere tener el valor de compartir y de desprenderse de uno mismo. Nos hace falta, sin duda, ser innovadores para ahuyentar la avaricia que nos come por dentro. Es cierto que la esperanza de poseer más no conoce límites y que acrecienta una corrupción que debemos detener con urgencia. Comprendo que algunos ciudadanos sientan furia por estos desatinos, pero cuidado con entregarse demasiado a la ira. Hasta la indignación tiene que ser ética. No vayamos a caer en el oportunismo alarmante.

Indudablemente, la persona indignada no puede quedarse sólo en la denuncia, en decir basta, por mucha impotencia que sienta por sus venas, tiene que ofrecer remedio a los males. Nuestra lealtad es para las especies y el planeta. Hemos de sobrevivir todos. Y todos somos necesarios y precisos para cambiar el orbe. Desde luego, el mayor mal que deshonra al género humano siempre será la falta de entendimiento, las guerras en definitiva. El mal triunfa por culpa de la multitud, por aquellos que lo avivan, pero también por aquellos que lo consienten y no lo castigan. No es algo anónimo, surge de algo y de alguien.

Lo más vejatorio es dejarse vencer por la maldad. El ser humano está llamado a fomentar actitudes nobles, a comprenderse, a dialogar mucho y a escuchar más. Por eso, estimo fundamental estar a la expectativa, sobre todo en el uso de los bienes de la tierra, a comprometernos con el bien común de toda la familia humana. Tenemos que salir de la indignación, con la quietud de que la ciudadanía mundial ha destruido todas las armas, de que la justicia no es excluyente, y de que la libertad es patria común.

Una opinión equivocada puede ser tolerada donde la razón es libre de combatirla, dijo Thomas Jefferson. Por desgracia, nos acorrala una atmósfera de confusión permanente que no beneficia a nadie. Lo que es peor, genera desorden e injerta rabia. Para mí, lo más importante es ponernos a trabajar por la paz, pero de verdad, de modo y manera auténtica. Sin embargo, parece que hoy en día lo más ético es mostrar la indignación frente a un mundo tan cruel. Una crueldad que, como cualquier otro vicio, parte de las propias raíces humanas, que la única manera de que no enraícen es desterrándolas del planeta.

Si no nos ponemos manos a la paz difícilmente podemos cambiar maneras de vivir. Los moradores se indignan ante una vida amenazada y aplastada por los poderosos, por los poderes corruptos, por las mafias que no entienden de éticas morales, por la obsesiva competitividad que llega a ser algo enfermizo. El hombre compitiendo contra el hombre. El hombre sin derechos humanos frente al poder. El hombre sobrecogido por el hombre mismo, que es un esclavo de la maquinaria imperial. En cualquier caso, creo que debemos sobreponernos a cualquier indignación y ponernos a pensar en la colectividad. Establecerse en la indignación sin avanzar también desestabiliza. Uno podrá estar en desacuerdo e indignarse por los acontecimientos injustos del momento, pero tampoco es lícito cargarse el Estado de Derecho. Hay que actuar bajo los resortes democráticos por muy incómodos que nos hallemos, y, en todo caso, mal que nos pese tampoco puede prevalecer el "yo" de los indignados sobre el "nosotros" de la sociedad que sí acata la legalidad vigente. Una ley debe ser ley porque es justa, y si no lo fuere, más que indignarse, debemos ponernos a trabajar para modificarla.

La ley primera y primaria, que a todos nos incumbe, es la de sembrar paz. Amparar el Estado de Derecho es esencial para que el mantenimiento de la concordia entre culturas sea eficaz, lo que exige reforzar los sistemas de una justicia independiente, de unos gobiernos transparentes y de una economía humanizadora. Quedarse, pues, en la indignación porque sí y aletargarse en esa indignación, apenas va a servir de nada. A propósito, será bueno reflexionar sobre ese imprescindible Estado de Derecho, que el personal de paz de las Naciones Unidas celebra el 29 de mayo. Ellos, que saben lo que es dar la vida por la paz, son los mejores guías para sacarnos de esa indignación que parece haberse puesto de moda.

Es verdad que el mundo del mañana ya no puede pensarse igual que el de ayer. Esta toma de conciencia universal es la que nos hará progresar. Al dolor, a la pena, a la indignación, debemos entre todos darle una respuesta de paz. Ahora bien, la solución del pasado tampoco sirve para el mundo presente. Nos hemos para bien o para mal globalizado. Y desde esa globalización, de forma unitaria, mancomunada si se quiere, han de brotar los pensamientos que nos lleven al cambio. No podemos esperar más. Cada día se suman más indignados al tren del desconcierto. La crisis actual nos obliga a todos a poner los cimientos de una nueva gobernanza mundial. Nadie puede quedar al margen de nada. Es mucho lo que tenemos que hacer y hemos de hacerlo unidos. El mercado no puede imponer las normas, son las personas las que tienen que proponerlas y luego aprobarlas. La justicia tiene que hacer justicia y acabar con los corruptos, con los paraísos fiscales, con el capitalismo deshumanizador. La tarea es grandiosa pero hay que realizarla. Querer es poder. No hacer nada, dejarnos llevar por el desconsuelo, caer en una crónica indignación, es otro cáncer más. Por consiguiente, manos a la acción, sabiendo -como dijo Amado Nervo- que hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo. Para conseguirlo, o caminamos todos juntos o nunca hallaremos la armonía.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
22 de mayo de 2011.

 

 


LIBERTAD RESPONSABLE

No se puede negar la evidencia. Este mundo globalizado precisa de unos medios de comunicación al servicio de la libertad responsable de toda la humanidad. Son indispensables para poder avanzar social y humanamente. Sin duda alguna, el mayor progreso de un pueblo siempre descansa en la independencia de su ciudadanía. Por tanto, cualquier altavoz debe ser válido para defender los derechos justos y la liberación de las personas.

Por otra parte, sería injusto permanecer mudos cuando la dignidad y el honor de los seres humanos queda en entredicho, utilizando todo tipo de chantajes y violencias.

De ahí lo primordial que es poder sentirse libre. El informador, como notario de lo que observa y vive, tiene que percibir esa autonomía en todo momento. Además, la voz de los ciudadanos tiene que estar presente siempre, no se puede ahogar jamás, hay que dejarla que rompa los silencios ante situaciones sanguinarias, y, de igual modo, debemos proteger la emancipación del pensamiento, o sea, el derecho de las personas a poder emitir su juicio propio.

Pueden haber pasado veinte años desde la Declaración de Windhoek, en la que un grupo de valientes periodistas alzaron su voz al mundo para proteger los principios fundamentales de la libertad de expresión, pero no piense el lector que el sometimiento y la dependencia nos ha abandonado. Eso sí, nos queda su lucha y su ejemplo. Considero que han de servirnos de referente para los tiempos actuales y, lejos de desfallecer, la lucha debe seguir más viva que nunca. Hoy, como ayer, se requieren medios libres que cultiven la libertad responsable, para actuar contra la tiranía y la dominación, contra los poderes corruptos y el avasallamiento.

Desde luego, será una buena manera de rendir tributo, el 3 de mayo (Día Mundial de la Libertad de Prensa), a quienes han sido pioneros en esta batalla por la verdad, sin censura, sin intimidación, ni interferencia alguna. Algunos han dejado su vida en ello, siguen dejándola.

Recordarles es de justicia, debemos honrar su valor, pero es también una ocasión propicia para reivindicar que los cultivadores de palabras, llámense periodistas, escritores o cronistas,son personas con los mismos derechos humanos que cualquier otra.

Ciertamente, se debe emplear bien esa libertad responsable en los medios de comunicación, de lo contrario estaríamos ante una hazaña necia, y, por consiguiente, también madre de otros males. Ahora bien, no se puede ser portavoz de la verdad sin independencia, esto significa que no cabe dejarse amedrentar por nada ni por nadie; lo que conlleva, que también la sociedad debe apoyar los medios de comunicación perseguidos, atacados. No se puede matar al mensajero porque no nos guste lo que diga. Asimismo, también resulta decepcionante observar que los ataques contra la libertad de prensa no se consideren muchas veces, y, lo que es aún peor, que la vida de algunos periodistas no haya valido nada, ni apenas unainvestigación para dirimir responsabilidades.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
27 de abril de 2011

LA DEBILIDAD

La manera superficial de considerar la vida nos enraíza, más pronto que tarde, en la desesperación. La realidad ya nos muestra un clima de consternación y aburrimiento, donde la desconfianza instintiva de unos hacia otros, nos debilita como seres humanos. Los nuevos escenarios con los que la humanidad se enfrenta exige una transformación de actitudes y una transmisión regeneradora de valores hacia la especia humana. La persona no ha nacido para debilitarse, sino para crecerse con el tiempo. El mundo tiene que ser humanizado, con nuevos métodos a causa de la globalización y del movimiento de las poblaciones. Los retos que el contexto cultural y social, del momento presente, plantean a cada uno de los moradores del planeta, en parte surgen de los crecientes desequilibrios y desigualdades entre mundos y personas. A ello se añade un idealizado y dominador ambiente técnico que esclaviza el mundo de las ideas, junto a una mediatizada cultura que todo lo relativiza y aborrega, sin importarle la persona que es la que ha de tomar las riendas de su destino. Frente a estos hechos, cada ciudadano está obligado a cultivar el discernimiento y a dar sabor humano a la liberación de los pueblos, al desarrollo y a la salvaguarda del medio ambiente.

Desde luego, hay que buscar positivamente todos los caminos para enhebrar formas de entendimiento. Debemos transmitir a las nuevas generaciones los valores de fondo, que son los que realmente nos humanizan. El mundo tiene que tomar conciencia de que la verdadera educación no es aquella que sólo transmite conocimientos, sino la que es capaz de obtener con cada ser humano lo mejor de uno mismo. Por otra parte, está visto que cualquier proyecto de anuncio y de transmisión de actitudes, no puede prescindir del testimonio de hombres y mujeres que con su conducta de vida han injertado el compromiso humano que viven. El ejemplo de las abuelas de Plaza de Mayo, que por cierto reciben este año el Premio Félix Houphouet-Boigny de Fomento de la Paz, propiciado por la UNESCO, por “su incansable combate a favor de los derechos humanos y la paz, y por su levantamiento contra la opresión, la injusticia y la impunidad”; no cabe duda que son un claro testimonio de fuerza humana: han permitido a un centenar de jóvenes recuperar su identidad.

La humanidad no puede liberarse de sus debilidades más que por medio de la fortaleza de los valores humanos. Uno se cansa de vivir toda la vida arrodillado. Tampoco es lícito ceder a las presiones de una cultura deshumanizadora. Como, de igual manera, resulta bochornoso que ciertos poderes se instalen en los deleites y en los vicios, sin importarles para nada que sus súbditos vivan en la pobreza. Ciertamente, cuando una sociedad se siente humillada por sus gobiernos, no le queda otro remedio que espantar el miedo del cuerpo e iniciar la revolución del cambio. Ante estos hechos, las instituciones internacionales tienen que intervenir, al menos para dar seguridad y asistencia humanitaria. No se puede negar el auxilio de vida a ningún ser humano. Todos merecemos vivir en condiciones de dignidad, algo que deberíamos tener más en cuenta en el plan de globalización que nos hemos trazado.

La población mundial ascenderá este año a 7.000 millones de personas y, de cada cien nacimientos, 97 ocurrirán en los países pobres, acaba de señalarlo el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Evidentemente, cada una de esas personas debería gozar de derechos humanos y dignidad, además de oportunidades para desarrollar su potencial, pero la realidad es bien distinta y bien cruel para muchos. ¿Cómo no actuar ante estos hechos? Tal vez porque nos han saciado de una cultura basada en el vivir para nosotros mismos y por nosotros mismos, obviando que en cada vida nace la sociedad, puesto que el instinto social de las personas es algo innato. El día que nos afecte cualquier amenaza contra la vida humana, contra las familias y las naciones, habremos ganado el cambio social que el planeta necesita.

Esta sociedad del conocimiento superficial no tiene sentimientos, multiplica las ramas del saber por las ramas del poder, en vez de dar sentido y valor a las cosas. No se educa para servir, sino para servirse egoístamente de un conocimiento interesado, adoctrinado por el poder de turno, que conlleva el servilismo en lugar de la rectitud. El mal es indudable, pero el remedio no lo es tanto, sin continuamos instruyendo en la banalidad. La familia humana necesita conocerlo todo, toda la realidad, la realidad en su globalidad, para saber qué hacer y cómo hacer para que el mundo se humanice. Uno quiere llegar a la fuente de la vida, beber de esa fuente, encontrarse de frente con la vida, pero las prisiones son muchas y las libertades pocas, que se lo digan a esos ángeles que son los cooperantes de asistencia humanitaria, cuya vida a veces pende de un hilo por el simple hecho de socorrer al que lo necesita. Ellos ostentan lo mejor de la condición humana. Son los grandes sabios que el mundo ignora inconcebiblemente.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
6 de marzo de 2011

 

QUE GOBIERNE EL ALMA DEL GENIO

El mundo tiene que rebajar la tensión. Hay que aflojar la tirantez que cohabita entre religiones y culturas, entre políticas y políticos, entre naciones y nacionalidades, entre mujeres y hombres, entre linajes y familias… Nos abrigan tal multitud de provocadores dispuestos a sembrar recelo, incertidumbre y división social, que deberíamos robustecer la verdad de lo que está sucediendo, con la investigación precisa. Ya está bien que se justifique la injusticia o que nos dejemos engañar por la aparente realidad. Si es cierto que todas las religiones insertan en las culturas un mensaje de amor y hermandad, no se eclipse lo auténtico por una falsedad emocionante. Si es innegable que los servidores de la política cultivan el bien común y que la globalidad no entiende de naciones, ni de nacionalidades, sino de seres humanos, propiciemos que esta verdad se presente desnuda para reconocer a los violadores de la autenticidad. Si es incuestionable que mujeres y hombres, necesitan amor y cuidados verdaderos, descubramos a los charlatanes, que ni saben ni quieren entender de lenguajes del corazón. Cuando la malicia y falsedad concurren todo es posible, hasta ser un lobo para sí.
Con urgencia, creo que debemos contrarrestar esas fuerzas oscuras, generadoras de tensión y odio entre el presente y el pasado, entre la tradición y el futuro. Frente a estas contrariedades, nunca se puede cerrar el paso a la justicia. Es necesario ahondar en la conciencia de estar unidos por un mismo destino, que en última instancia es un destino común. Pero, sin duda, para que se produzca esa unidad, hace falta que se pueda conocer la verdad; evidencia que sólo tienen un camino: el que se pueda vivir en la verdad y se pueda abrazar esa verdad. Desde luego, todos estamos llamados a realizar una sociedad pacífica para vencer cualquier tensión entre culturas, etnias y mundos diversos, confluentes de una misma especie. Para alcanzarlo, cada familia, cada país, tiene que trabajar por avivar el genuino valor del ser humano. Hay que salir del miedo al encuentro del semejante, y hacerlo con naturalidad; si esto lo cultivásemos sin hipocresías ni complejos, no pondríamos tantos deslindes en el trayecto.
Por consiguiente, insisto, que para rebajar la tensión del mundo, primero hace falta querer hacerlo y después comprometerse uno a uno consigo mismo, para poder injertar quietud, sosiego, certeza, tranquilidad... Al fin y al cabo, la felicidad nos llega por la vía de no sentirse perdido. Ante las adversidades de la vida perennemente se ha pedido, ¡calma!, no en vano la mente se educa desde el reposo, jamás desde el enfrentamiento. El modo de resolver el problema casi siempre es fruto del encuentro inteligente. Está comprobado que la inteligencia y el sentido humano tira todos los muros y aplaca todos los vientos. Decididamente, si en verdad queremos un mundo sin tensión hay que ponerse manos a la obra, dejando hablar al corazón y que gobierne el alma del genio.

CUANDO SE PIERDEN LAS FORMAS


Cuando se pierden las formas de lo racional, se confunde el uso con el abuso de las cosas y, así, por mucho desarrollo que nos inventemos, éste no avanzará responsablemente. Ya me dirán cómo podemos alimentar a una población que aumenta cada año, mientras los precios mundiales de los alimentos se disparan o cómo podemos mejorar la salud de los humanos si los agentes contaminantes, lejos de cesar en su atroz guerra, se incrementan por la irresponsabilidad de la especie. Debiéramos crecer y aprender de lo vivido, puesto que no hay otro responsable de lo que sucede en el planeta que el propio ser humano.


Las mujeres y los niños del mundo necesitan más que ofrecimientos, realidades de cambio. También los hombres deben requerir cambiar la historia de ser un lobo para él mismo. Cuando la lucha del ser humano comience dentro de sí; en lugar de saber lo que es justo, amaremos lo justo; y en vez de saber lo que es vivir, amaremos la vida. Lo importante es amar sin condiciones, ni condicionantes, a quien puedas y como puedas, sin perder de vista que quien ama con el corazón, con él vive.
Con urgencia debemos, pues, poner valor a la vida e injertar lo valioso que es una sociedad racional para ilustrar la mente y no perder las formas. Las autoridades, en todo caso, han de ser las primeras en comprometerse en lo de poner orden, calmar los ánimos, y en tomar buena nota de las preocupaciones legítimas de la gente. Los enfrentamientos violentos no conducen jamás a buen puerto, generan más violencia y más dolor. Por desgracia, cada día son más las personas que solicitan protección a instituciones internacionales, fruto del avance de la irracionalidad que no beneficia a nadie.

No se pueden perder las formas, insisto, cada persona tiene que ser responsable de lo que dice y hace. Por consiguiente, el ser humano tiene que asumir su cuota de responsabilidad en un planeta cada día más castigado por los desórdenes, por la intimidación y el integrismo, que legitima las peores acciones. El fanatismo ciego nos conduce a la destrucción sin límites, erosiona todos los derechos humanos, llevándonos al desmoronamiento. Por eso, hay que sancionar dura, muy duramente, a los que infringen normas básicas de convivencia, de humanidad. El tiempo apremia para estas formas transgresoras inhumanas, hay que pararlas, antes de que nos dominen nuestra propia conciencia.


El mundo no puede dejar perder sus formas innatas, su gnosis natural, de defensa y protección al ser humano y a su hábitat. Hagamos todo lo que esté en nuestras manos por poco que parezca. Las causas de los derechos humanos, de la seguridad y el desarrollo, hay que tomarlas en serio, mucho más en serio, porque hay muchos caminos y pocas posadas, muchas contiendas que nos atormentan y pocas armonías que nos abran las ganas de vivir. La vida no puede ser tan amarga para tantos, ¡y son tantos!.


Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
26 de enero de 2010

 

ESPAÑA NO DESPUNTA

Por mucho optimismo que siembren algunos políticos, y su desbordante crecida de altos cargos, con los susodichos asesores de imagen, que siguen derrochando en lugar de administrar, la única verdad es la situación en la que viven cada día más familias, que ya no pueden pagar las hipotecas porque han consumido todos los ahorros y, lo peor de la cuestión, es que tampoco encuentran trabajo. El problema del desempleo, o del trabajo en precario, que soportan los que menos culpa tienen de haber causado esta crisis, el ciudadano que apenas ha conocido la situación de bienestar, está originando una brecha social tan grande, que las desigualdades se acrecientan como nunca. La factura de los fracasos políticos la pagan los débiles como no podía ser de otra manera, con una clase política corrupta a más no poder, que usa escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales para seguir maquillando realidades de dolor que saltan a la vista en cualquier esquina, a poco que uno escuche la realidad de la calle.

España no despunta, pero tampoco despierta del letargo al que le vienen sometiendo unos dirigentes sectarios, mezquinos, sin espíritu de Estado, que son incapaces de pactar un sistema educativo que nos vuelva hacia nosotros mismos y nos impulse a tomarnos la vida, no como un juego, sino como un deber. Claro, es más fácil por la ignorancia someter a un pueblo, hacer que vuelva a la servidumbre, puesto que por la educación en valores a lo que se asciende es a la libertad. Urge, desde luego, premiar el mercado del talento en lugar del mercado del oportunismo y del oportunista, del inepto vestido de cuentista político que jamás va a ser eficiente, salvo para pensar en las próximas elecciones. El sentido de la responsabilidad se ha esfumado y quienes ocupan puestos de poder no aceptan que se les cuestione su modo de actuar, lo que hace difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente.

Si en verdad queremos que España despunte, debemos racionalizar poderes, proyectar respeto (los políticos han de crispar menos y consensuar más), establecer puntos de encuentro entre la ciudadanía, y que sea el ciudadano en verdad, quien pueda gobernar su vida para poder cambiarla. La politización mediocre y excesiva que vive este país, que tiene acosado y ahogado el poder judicial, uno de los grandes pilares de la democracia, también se hace extensivo al poder innato del ciudadano que tiene sobre sí como tal, por el hecho de ser persona. Y es que, cuando se pierde la conciencia política de servicio, todo se torna mugre y se tuerce hacia el abismo. Lo mismo sucede con el tejido empresarial, hace falta que personas excluidas del sistema productivo, se incluyan, porque al final esta inclusión también crea desarrollo. Sería bueno que este cúmulo de despropósitos, tanto políticos como del propio medio de producción, fuesen revisados y rectificados, sobre todo con un buen baño de ética. Todos saldríamos ganando.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
17 de noviembre de 2010

HOMENAJE AL DIÁLOGO

Me niego a pensar que la gente es mala. Creo que es cuestión de activar el diálogo para generar convivencia. El mundo, que es como una gran obra literaria, precisa de unos personajes con capacidad de razonamiento, preparados para abrir puertas a la vida y para clausurar los muros que nos entorpezcan. El abecedario de la plática seca todas las lágrimas y extingue el fuego de los conflictos. Es verdad que un loco a veces hace ciento, pero no hay que oponerse a ninguna locura, siempre hay algo de razón en ello. Precisamente, a mi juicio, es en el raciocinio donde se injerta el concepto de diálogo como método pedagógico de subsistencia, de capacidad para vivir con el otro, y el otro con el otro, y así, hasta todos con todos.

Cultivar el recurso del entendimiento exige ser persona de diálogo. Hay que conversar y conservar el fondo humano. Nos hace falta. Verán como las armas dejan de imponer su sanguinario lenguaje, en un mundo tan apasionante como interesante. Con frecuencia las instituciones internacionales, a través de sus representantes, piden avivar las conversaciones. La mismísima Unión Europea, que es una comunidad política de Derecho nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los pueblos y de los Estados de Europa, debe apostar por la consulta permanente si realmente quiere avanzar y ejemplarizar la unidad. La ruptura de relaciones diplomáticas, o sea, de consideración por el otro, siempre son un mal presagio para todos. El diálogo, como elemento político es tan vital como justo. No debe excluirse por nada del mundo. Es más, hay que incluirlo hasta en la mismísima soledad del caminante.

El diálogo es la mano que mece la luz. Hay que homenajearlo, hacerlo fe de vida, reconquistarlo y conquistarlo en la autenticidad, propiciar el encuentro con el reencuentro de sensibilidades y diversidad. En ocasiones, surgen cortocircuitos mentales que tienen bien poco sentido en un mundo global. Por ejemplo, hoy en día es fundamental el diálogo intercultural en la promoción de la paz y la seguridad internacionales. Realmente, el mundo camina a un ritmo vertiginoso y de forma impredecible muchas veces. Por ello, siempre es un buen momento para compartir palabras y dejar a un lado los prejuicios y los odios, que por cierto son demasiado comunes en la especie humana. Los sembradores del miedo podrán trabajar a destaco, los extremistas podrán generar contiendas, los mismos políticos podrán usar la división como estrategia para ganar elecciones, pero impuesto el diálogo todo se vuelve más comprensivo. Dialogar es el mejor revulsivo, el más acertado antídoto contra las miserias humanas. Hoy, cuando tanto se habla de la diversidad cultural para el dialogo y el desarrollo, y que pienso es una buena dirección, también creo en la necesidad de ahondar mucho más en esa multiculturalidad, sobre todo para aprender a convivir distinto y mejor de lo que venimos haciéndolo.

El diálogo, en el fondo, es un equipaje de acercamiento. Cuando todo lo queremos saber, resulta que me encuentro como siempre, angustioso por no alcanzar a interpretar la vida humanamente y triste por tanta soberbia que se respira a cada paso. Por desgracia, aún pecamos de ignorancia y no sabemos encontrarnos a nosotros mismos, ni hallarnos con los demás. Tenemos sed de convivencia y no siempre detrás de cada aguador hay un santo. Los resultados ahí están. Que hemos aprendido a vivir, pero no a convivir. Han fallado todos los planes educativos. La UNESCO en 1996 nos trazó la línea de ruta, pero no se ha seguido: “La garantía de un aprendizaje vinculado a la formación de la identidad de las personas y de su capacidad para convivir, hacer, emprender y aprender de modo continuo, debe ser el pilar fundamental de una concepción integral de la educación para el siglo XXI”. Consecuentemente, estimo muy positivo que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamase el 2010 Año Internacional de Acercamiento de las Culturas. Estas onomásticas tendrán un efecto de retroalimentación en la medida que se promuevan lenguajes claros y precisos, como el mosaico de Norman Rockwell “La regla de oro”, donde se muestran a personas de diferentes nacionalidades de pie junto a estas palabras inscritas en la baldosa: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Desde luego, es un buen método de enseñanza.

En todo caso, el parlamento siempre difumina tensiones. En los últimos tiempos se habla de potenciar un nuevo diálogo sobre derechos humanos. Bienvenido sea. Así como el diálogo entre religiones, a pesar de los obstáculos que puedan surgir. Marginar las creencias humanas ya es, por si mismo, reprimir el propio diálogo entre culturas. En este sentido, nos llena de satisfacción que la avanzada e innovadora Facultad de Teología de Granada, haya creado la Cátedra Andaluza para el Diálogo de las Religiones, con el fin de dar respuesta a la necesidad de abrir un ámbito de estudio, reflexión, diálogo y encuentro entre las diversas tradiciones religiosas actualmente presentes en Andalucía y en España. Jamás hay que tener miedo a abrir todas las mesas de diálogo posibles. El ser humano es un ser de diálogo, el principio de los principios, algo innato, que nos enraíza a la especie humana y como tal debe desarrollarse. Hay que llenar los espacios y los tiempos de silencios y diálogos. De silencios, por ser el elemento necesario para pensar y de diálogos como valor de búsquedas imprescindibles para respetar la propia autonomía de cada ser humano.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
25 de julio de 2010

 


LA UNIDAD DEL MUNDO Y EL EMPODERAMIENTO DE LA MUJER


El mundo, dentro de su variedad de mundos libres, que debieran serlo todos, necesita unidad de ser y de acción, sobre todo para las cuestiones de vida, como pueden ser los principios rectores de una política social y económica justa, capaz de proteger a los seres humanos por lo que son y representan. Sin duda, el mejor progreso humano, la más acertada política laboral, la principal defensa a la familia, la más sobresaliente protección a los derechos de las personas y a los recursos naturales, nace de la cooperación y colaboración entre todos los pueblos. La unión es el mayor de los poderes imaginarios y, la unidad, el supremo manjar de la estirpe. Cuidado con los dominadores que transmiten abecedarios falsos, carentes de ética y con la estética maquillada. Desde luego, nos hace falta avivar la sensibilidad cultural, el respeto a los valores y creencias de las naciones son indispensables para sustentar el diálogo. Sólo así se puede construir la unidad del mundo, alimentada por el sentido de solidaridad internacional.

Se precisa la unidad del orbe para frenar el aluvión de violencias e ilegalidades que se sufren por todos los rincones planetarios. Buena parte del mundo se desangra, otra muere sin conocer nada más que el llanto, son víctimas de gobiernos que no saben utilizar otro lenguaje, nada más que la guerra sucia como método electoralista o la trampa de la mentira como método destructor. Y ciertamente, la paz no podrá consolidarse sin un esfuerzo colectivo de unión. Por otra parte, cada día aumenta el número de refugiados que necesitan reconstruir sus vidas tras los conflictos. Todos somos necesarios para trabajar en la esfera humanitaria, en la política, en la seguridad y el desarrollo. Ya lo dice un proverbio africano “La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre”. Ahora bien, sólo en un planeta de ciudadanos honestos es posible esa unión verdadera y no interesada.

Precisamente, Europa, se viene debilitando por esa falta de unidad. El ciudadano europeo del nuevo siglo, endiosado por sus notables realizaciones, por sus conquistas científicas, por su vocerío de ideales de igualdad y de solidaridad, que después no son tantas ni tan verdaderas, falla en lo más fundamental, en hacer justicia al nombre europeísta de la unión. Europa sigue permaneciendo dividida. Y esta herida abierta en el costado del continente no ha hecho más que alimentar angustia y dolor. En otras regiones de África se advierte cada vez más riesgos para quienes intentan huir hacia otros países en busca de subsistencia. No se entiende y causa espanto que se suspendan servicios aéreos de asistencia humanitaria por falta de fondos, cuando el ser humano es lo más importante del mundo. Qué menos que hubiese unidad en todos los continentes para combatir en verdad la desnutrición y mejorar la seguridad alimentaria entre los grupos más vulnerables del planeta.

En esa unidad del mundo, la mujer debe ser considerada en igualdad con el hombre. Ellas tienen que ser también dueñas del cambio cultural. No se pueden imponer desde fuera otras costumbres. Curiosamente, todos los analistas internacionales coinciden en la importancia de invertir en el mundo femenino y en destacar su papel para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. “Hasta que las mujeres y las niñas no sean liberadas de la pobreza y la injusticia, todas nuestras metas –paz, seguridad, desarrollo sostenible- estarán en peligro”, acaba de decirlo el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. El derecho de las niñas a la educación es fundamental y hay que propiciar que así sea. Que la Asamblea General de la ONU apueste por la creación de una nueva entidad para la igualdad de género y empoderamiento de la mujer, bajo el nombre “ONU Mujeres”, es otro paso adelante que a buen seguro va a contribuir a ampliar las oportunidades y poner fin a la discriminación de la mujer en todo el planeta.

La unidad del mundo va a depender muy mucho del protagonismo de la mujer en la sociedad. Es de justicia que hombres y mujeres trabajen unidos en plenitud de condiciones y de capacitación para la construcción de un mundo más solidario. También los analistas coinciden en que esa potenciación del papel de la mujer, conocido como empoderamiento, pasa por respetar sus derechos humanos, la salud sexual y reproductiva, sin obviar la formación.

Estamos ya deseosos de que “ONU Mujeres” empiece a caminar. Lo va a hacer en enero de 2011 y apoyará, no sustituirá, los esfuerzos de las otras agencias del sistema de Naciones Unidas a favor de la mujer. Estoy convencido que sólo desde la educación puede forjarse la unidad y que, también, sólo desde la unidad (varón-mujer) se puede dar valor a esta vida que todos nos merecemos como personas. Nos llena de alegría, que mi país ( España) se haya convertido en la primera nación europea en unirse a la campaña Corazón Azul de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), que combate la trata de personas. Precisamente, según un informe de esa Oficina presentado en Madrid, el tráfico humano es uno de los negocios más lucrativos de Europa, siendo la mayoría de las víctimas mujeres jóvenes que con engaños son sometidas a violación, violencia y amenazas, son drogadas, despojadas de sus pasaportes y chantajeadas. ¡Qué pena de mundo!

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
4 de julio de 2010
********************

CALLES DEL DESCONSUELO

En todo el mundo hay calles del desconsuelo que nos dejan sin palabras, en donde nadie conoce a nadie, y a nadie le importa las penas del vecino. Cada día son más las avenidas dolorosas por las que transitan vidas desesperadas. Penas que se acrecientan porque la humanidad se ha divorciado del vínculo humano. Vivir ya no es humanizarse ni hermanarse, sino más bien trepar hasta las cumbres más poderosas, no importa que lo sea bajo el imperio de la necedad, haciendo trampas o poniendo en escena el orgullo, para quien todo se reduce a su propio yo. No en vano, tres cuartas partes de los mayores conflictos del mundo tienen una dimensión cultural, o sea, una dimensión inhumana, propia de una sociedad excluyente, que margina todo lo que no sea productivo. Sin duda, hay que desaprender esta forma de vida y aprender que todos, y cada uno de nosotros, precisamos ser aceptados por el simple hecho de ser personas.

El desconsuelo de las calles, cuajadas de almas humanas, es sólo un mero espejo del dolor que sufren personas sin recursos y sin trabajo. Hace bien, pues, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su anual Conferencia a celebrar entre los días 2 al 18 de junio en Ginebra, abordar el empleo como objetivo estratégico. Es lo fundamental, máxime ante el aumento sin precedentes del desempleo, el subempleo y el trabajo informal que asola todo el planetario. Porque no sólo hay que recuperar un trabajo decente para todos, también su dimensión humana. Incuestionable, el mundo debe funcionar mejor, es decir, más éticamente. Lo cruel es que la consideración brilla por su ausencia, inclusive en los gobiernos, y, el diálogo social, ni honestamente se propicia, ni tampoco se participa con afán de tolerancia. A lo sumo, se queda en las buenas intenciones. No pasa del papel y de la foto. Y así, desde luego, no se puede dar forma a una globalización justa y sostenible.

Por las calles del desconsuelo, que cohabitan esparcidas por todo el planeta, el mismo aire es un llanto y el mismo sol un infierno. Van crecidas de mendigos que no tienen nada, lo único que les acompaña es la soledad y los baños de frialdad de la gente. Ellos, los pobres, que nuestra indiferencia les ha hecho sabios y la insensibilidad nuestra ha generado monstruos por toda la tierra, han perdido la esperanza en el ser humano. Para ellos un día más ya es un milagro. Aquí cada uno va a su viento. En el horizonte se divisan pocos abrazos. A un lado está el mundo de los explotados, al otro el de los explotadores; de frente el mundo de los poderosos, al otro el de los desheredados por la mano de Caín; a espaldas el mundo de los que tienen todas las papeletas para sentirse humanos, al otro los que no tienen papeles y tampoco ni patria que les cobije. ¡Si pudiera ser que frotando dos mundos tan dispares saliera amor! Desaparecerían todos los nubarrones de la maldita crisis. ¡Qué bueno sería para todos hacer familia bajo el mismo cielo! Siempre andamos entre dos: Dos Españas. Dos Europas. Dos Américas. Dos Áfricas. Dos Asias. Dos mundos. ¿Y cuándo una España, una Europa, una América, un África, un Asia, un mundo y un solo corazón, el del hombre salvando al hombre? Ahí queda la propuesta para las autoridades de esta inmensa celda de injusticias que ciñen al orbe. Es hora de no perder el tiempo y concretar ayudas, la cooperación mundial debe colaborar a que estas gentes doloridas se les cambie la cara.

En cualquier caso, cuando tanto se habla de reformas económicas, nada se dice de la primera reforma, la humana, para que nadie se sienta como una colilla por las calles del desconsuelo. Tal es así, que cualquier medio es válido si nos lleva a los altares del dominio. Todo está permitido. El engaño, el fraude, la coacción, se justifica porque lo único que importa es conseguir el objetivo programado: el mayor beneficio y el mayor poderío. El mundo obrero, que no el del capital, también deambula por las calles del desconsuelo, afligido por si le alcanza la penuria de la cesantía, de la degradación o del despido, lo que hace aumentar el desespero por la inseguridad del futuro. Lo innegable es que se han perdido tantas solidaridades obreras, que la humillación del ser humano como sujeto del trabajo, alcanza cotas muchas veces insostenibles. Con el cuento de la crisis, que algunos no contribuirán con nada, los trabajadores cada día estarán peor remunerados y con menos derechos sociales. En parte, con todos mis respetos, se lo debemos a la vulgaridad que nos guía, que no ve más allá de su propia defensa, haciendo suyo el refrán de que primero son mis dientes que mis parientes.

Como aguante, en el sentido de armarse de paciencia, que no de resignación, piensen los de la calle del desconsuelo que con dinero tampoco se logra adquirir todo, por ejemplo: no se puede comprar la vida ni ser pobre. A lo mejor también tenemos que dejar de multiplicar los deseos. Sepan que únicamente del seno de la pobreza es de donde por lo común salen la ciencia, el ingenio y los talentos. Peor es caer en las redes de la avaricia, o sea en el consumismo, que no es otra cosa que un permanente malvivir en la pobreza por temor a ser pobre y no poder gastar. En el fondo, las calles del desconsuelo, se acrecientan en la proporción de la estupidez de quienes se quieren asimismo por encima de todo, considerando que el mundo existe por ellos. Por eso, creo que debemos hacer una denuncia razonable y razonada de los errores que nos han llevado a esta crisis, que por cierto vuelven a pagar los más humildes, no con grandes moralismos, sino con razones humanas y concretas, que resulten comprensibles para toda la humanidad. Sólo lo que se comprende se puede aprobar o reprobar. He ahí la cuestión.


Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
30 de mayo de 2010

UNA CULTURA PREVENTIVA

El planeta necesita una cultura preventiva. Es de agradecer que Naciones Unidas propicie este cultivo cada cinco años, desde 1955, en distintas partes del mundo y en torno a una amplia variedad de temas. Así, del 12 al 19 de abril, con el patrocinio del Gobierno de Brasil, tiene lugar el 12º Congreso en Salvador de Bahía, bajo el sugerente tema de las “Estrategias amplias ante problemas globales: los sistemas de prevención del delito y justicia penal y su desarrollo en un mundo en evolución”. Es tan justo como preciso estar en guardia, observar los muchos conflictos que asolan el mundo, y ver la manera de promocionar el estado de derecho en el planeta. El mundo necesita menos armas y más almas, ciudadanos libres y personas de paz, capaces de luchar por la justicia. En este sentido, hay que celebrar que Rusia y Estados Unidos hayan firmado recientemente un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas. El acuerdo, conocido por sus siglas en inglés START, fue firmado en Praga, la capital checa, y establece el compromiso de que ambas naciones reduzcan en un tercio sus respectivos arsenales nucleares.

Las armas tienen que dejar de hablar y enmudecerse, si realmente queremos activar una cultura preventiva que nos encamine a la paz. La justicia se defiende con la razón. Los artilugios armamentísticos para lo único que sirven son para matarse pobres contra pobres, para que haya niños soldados o para imponer poderes corruptos en países con democracia frágil. Por desgracia, el desarme es todavía una pedagogía educativa a la que el mundo le da la espalda. Quizás, en parte, debido al gran negocio que genera este tipo de industrias. A veces, paradójicamente, la educación, el alimento, el agua, la asistencia sanitaria, son más inaccesibles que las armas. Por ello, está muy bien que se celebren este tipo de congresos, a mi juicio de importancia esencial, dado que la globalización de muchos problemas presentes, ha transformado en prioridad urgente la colaboración internacional. Hoy sabemos por experiencia que a nada conduce la división entre naciones, el rearme sin límites y el uso incontrolado de artefactos; si acaso, a la violación de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos.

No le demos al mundo armas contra nadie, porque las utilizará más pronto que tarde, proporcionemos sabiduría, que es la serenidad inquebrantable. Sin duda, la mejor manera de injertar cultura preventiva contra la expansión de la delincuencia. Desde luego, hay que empeñarse en desterrar del planeta la violencia, el narcotráfico, las desigualdades y la pobreza, que son campo abonado para delinquir. Ya en aquel primer congreso de las Naciones Unidas, celebrado en 1955, se formularon ciertas recomendaciones sobre la prevención de la delincuencia de menores por medio de la comunidad, la familia, las escuelas, los servicios sociales, así como la selección y formación del personal de prisiones. A mi juicio, aún estamos bastante lejos de haber hecho todo lo posible, desde los diversos ámbitos sociales y vínculos familiares, para prevenir la delincuencia y reprimirla eficazmente, de modo que no siga perjudicando al planeta. De igual modo, a quien delinque hay que tenderle la mano y convencerle de la confusión de su camino, mediante programas de rehabilitación.

La prisión como castigo es tan antigua como la historia humana. En muchos países las cárceles están superpobladas lo que dificulta la reinserción y el trato humano, en otras sus condiciones de vida son muy precarias, por no decir indignas. Por otra parte, encarcelar a jóvenes adolescentes, en lugar de buscar alternativas, los marca de por vida como delincuentes. Meter entre rejas a un chaval, que a lo mejor roba para sobrevivir o para conseguir dinero para su adicción, no me parece en absoluto rehabilitador el hecho. Debiera apartarse del sistema de justicia penal a los muchachos que han cometido delitos de poca importancia; y, en suma, creo que la cárcel no debiera cobijar a ninguno, habría que mantenerlos separados de los adultos. Asimismo, pienso que deberíamos atajar, de una vez por todas, el aluvión de torturas que sufren muchas personas en el planeta, con penas crueles inhumanas o degradantes, y considerar las circunstancias con más justicia, desde la observancia del derecho. Por lo tanto, estimo vital promover el estado de derecho, cueste lo que cueste en todo el mundo, cuyos valores están llamados a expresarse mediante el establecimiento de una justicia penal que ha de considerar como intocable la dignidad de todo ser humano.

En cualquier caso, la creación de una cultura de prevención en un mundo globalizado y convulso, es un proceso que requiere del esfuerzo de todas las naciones e instituciones internacionales. Nuestra manera de pensar aún dista mucho de ser pacifista y pacificadora. La prevención tendrá más éxito si apenas se le oye, pero se enraíza desde edades tempranas con proyectos educativos ejemplares y ejemplarizadores. A veces, la responsabilidad de que el adolescente sea un inadaptado, es más colectiva que individual. Y esto hay que considerarlo. Está visto que la miseria, la falta de referentes, la educación deficiente, la malnutrición, el analfabetismo, el desempleo, la ociosidad,…; son factores que avivan la marginalidad y las conductas antisociales. En la mayoría de los casos, la delincuencia juvenil comienza con delitos menores, generalmente hurtos y conductas violentas, cuya causa se puede conocer y corregir, ya sea desde el medio familiar o en instituciones. Pues manos a la obra, que no hay obra sin esfuerzo y ternura, en un mundo con demasiados muros que no dejan ver el horizonte de la honestidad.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
11 de de abril de 2010

   
   
Share Button

Presentación CEPAEC 2016

Entrevista a: José Antonio Labordeta

Francisco Candel, la actualidad del recuerdo


Entrevista a: Xavier Grau i Sabaté, por: Jesús Pérez Marqués

DELANTE 2016 - JESÚS PÉREZ MARQUÉS

Entrevista a Fernando Arrabal  

SERRA RIVERA, VINTAGE PRIMITIVE y MANOLO BALLESTEROS en CYPRUS

BABYLON

ENTREVISTA A PILAR EYRE, JESÚS PÉREZ MARQUÉS

La ministra de Fomento, Ana Pastor, visita al Salón Náutico de Fira de Barcelona

XV ENTREGA DE LOS PREMIOS “PROTAGONISTAS DEL AÑO” 2011

Entrevista a:David Janer el actor justiciero de (ÁGUILA ROJA)

Entrevista a: Antonio Orozco

Soledad poema de:- Gloria Gorinaldesi

PARE MANEL ,MES A PROP DE LA TERRA QUE DEL CEL

Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare y con dirección de Àngel Llàcer

Entrevista: Arturo Fernández

Rafael Amargo Portada en la revista Primacía

Spannabis, la Feria del Cáñamo y tecnologías alternativas

2006 - 2008- Pesca del Sirulo - Nueva entrega

Genios por error

'Generación Rock' con Melendi en TVE

DANI MARTÍN REGRESA AL PANORAMA MUSICAL Y LO HACE CON “CERO”

UNA ARDILLA EN MI JARDÍN

 

Pastora Soler (Una mujer como yo)

Lucrecia celebra la fiesta de la Primavera

Premios Pentagrama 2010

Lolita Flores "De Lolita a Lola"

Dos pájaros de un tiro: Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina gira 2.007 (BARCELONA)

Miguel Bose en Barcelona “PAPITOUR”

El programa "Tarde en La 2" ha entregado los premios "Continuará" de cultura 2014