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Victor Corcoba: Artículos HOMENAJE AL DIÁLOGO Imprimir E-Mail
lunes, 26 de julio de 2010

Víctor Corcoba Herrero nació el 6 de septiembre de 1958 en Cuevas del Sil, León. (ESPAÑA). Diplomado Universitario por la Universidad de Oviedo. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Reside desde 1984 en Granada (ESPAÑA).

Biografia y obra: Pulsa qui.

Me hace gracia ver como se estrellan contra la pared, y lo hacen tan panchos, como si nada, como si todo formara parte de sus alforjas y sus intrusismos y fuese ajeno el pan de molde de toda la vida, como si nada, como mentira, como si fuese ajena la realidad. En la distancia punto y seguido, toda una vida y mucho más. Víctor, caminante, amigo, poeta, pensador, escritor de los fueros del alma, hoy en esta sección de poemas y mas… te nombro hijo adoptivo del verbo y la palabra, de la voz y el poema, para que desde aquí como siempre has estado puedas ser como antaño y como ahora en primacía corresponsal desde granada en este espacio como en todos de los que ya has estado y hemos compartido juntos.

 

Jesús Pérez Marqués

Tras un intento de interferir y anular la sección de Víctor Corcova me he visto en la necesidad de matizar… toda una vida en el respeto mutuo y apoyo incondicional

Amigo, colaborador y corresponsal de la revista Primacía, publico con nosotros ( A pesar de... tus ojos saben a rimel de cartas", Editado por CEPAEC, Barcelona, 1992.) y desde entonces no ha parado de escribir en un amplísimo currículum que le lleva a esa generosidad y energía vital que le mantienen vivo.

 

 

HOMENAJE AL DIÁLOGO

Me niego a pensar que la gente es mala. Creo que es cuestión de activar el diálogo para generar convivencia. El mundo, que es como una gran obra literaria, precisa de unos personajes con capacidad de razonamiento, preparados para abrir puertas a la vida y para clausurar los muros que nos entorpezcan. El abecedario de la plática seca todas las lágrimas y extingue el fuego de los conflictos. Es verdad que un loco a veces hace ciento, pero no hay que oponerse a ninguna locura, siempre hay algo de razón en ello. Precisamente, a mi juicio, es en el raciocinio donde se injerta el concepto de diálogo como método pedagógico de subsistencia, de capacidad para vivir con el otro, y el otro con el otro, y así, hasta todos con todos.

Cultivar el recurso del entendimiento exige ser persona de diálogo. Hay que conversar y conservar el fondo humano. Nos hace falta. Verán como las armas dejan de imponer su sanguinario lenguaje, en un mundo tan apasionante como interesante. Con frecuencia las instituciones internacionales, a través de sus representantes, piden avivar las conversaciones. La mismísima Unión Europea, que es una comunidad política de Derecho nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los pueblos y de los Estados de Europa, debe apostar por la consulta permanente si realmente quiere avanzar y ejemplarizar la unidad. La ruptura de relaciones diplomáticas, o sea, de consideración por el otro, siempre son un mal presagio para todos. El diálogo, como elemento político es tan vital como justo. No debe excluirse por nada del mundo. Es más, hay que incluirlo hasta en la mismísima soledad del caminante.

El diálogo es la mano que mece la luz. Hay que homenajearlo, hacerlo fe de vida, reconquistarlo y conquistarlo en la autenticidad, propiciar el encuentro con el reencuentro de sensibilidades y diversidad. En ocasiones, surgen cortocircuitos mentales que tienen bien poco sentido en un mundo global. Por ejemplo, hoy en día es fundamental el diálogo intercultural en la promoción de la paz y la seguridad internacionales. Realmente, el mundo camina a un ritmo vertiginoso y de forma impredecible muchas veces. Por ello, siempre es un buen momento para compartir palabras y dejar a un lado los prejuicios y los odios, que por cierto son demasiado comunes en la especie humana. Los sembradores del miedo podrán trabajar a destaco, los extremistas podrán generar contiendas, los mismos políticos podrán usar la división como estrategia para ganar elecciones, pero impuesto el diálogo todo se vuelve más comprensivo. Dialogar es el mejor revulsivo, el más acertado antídoto contra las miserias humanas. Hoy, cuando tanto se habla de la diversidad cultural para el dialogo y el desarrollo, y que pienso es una buena dirección, también creo en la necesidad de ahondar mucho más en esa multiculturalidad, sobre todo para aprender a convivir distinto y mejor de lo que venimos haciéndolo.

El diálogo, en el fondo, es un equipaje de acercamiento. Cuando todo lo queremos saber, resulta que me encuentro como siempre, angustioso por no alcanzar a interpretar la vida humanamente y triste por tanta soberbia que se respira a cada paso. Por desgracia, aún pecamos de ignorancia y no sabemos encontrarnos a nosotros mismos, ni hallarnos con los demás. Tenemos sed de convivencia y no siempre detrás de cada aguador hay un santo. Los resultados ahí están. Que hemos aprendido a vivir, pero no a convivir. Han fallado todos los planes educativos. La UNESCO en 1996 nos trazó la línea de ruta, pero no se ha seguido: “La garantía de un aprendizaje vinculado a la formación de la identidad de las personas y de su capacidad para convivir, hacer, emprender y aprender de modo continuo, debe ser el pilar fundamental de una concepción integral de la educación para el siglo XXI”. Consecuentemente, estimo muy positivo que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamase el 2010 Año Internacional de Acercamiento de las Culturas. Estas onomásticas tendrán un efecto de retroalimentación en la medida que se promuevan lenguajes claros y precisos, como el mosaico de Norman Rockwell “La regla de oro”, donde se muestran a personas de diferentes nacionalidades de pie junto a estas palabras inscritas en la baldosa: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Desde luego, es un buen método de enseñanza.

En todo caso, el parlamento siempre difumina tensiones. En los últimos tiempos se habla de potenciar un nuevo diálogo sobre derechos humanos. Bienvenido sea. Así como el diálogo entre religiones, a pesar de los obstáculos que puedan surgir. Marginar las creencias humanas ya es, por si mismo, reprimir el propio diálogo entre culturas. En este sentido, nos llena de satisfacción que la avanzada e innovadora Facultad de Teología de Granada, haya creado la Cátedra Andaluza para el Diálogo de las Religiones, con el fin de dar respuesta a la necesidad de abrir un ámbito de estudio, reflexión, diálogo y encuentro entre las diversas tradiciones religiosas actualmente presentes en Andalucía y en España. Jamás hay que tener miedo a abrir todas las mesas de diálogo posibles. El ser humano es un ser de diálogo, el principio de los principios, algo innato, que nos enraíza a la especie humana y como tal debe desarrollarse. Hay que llenar los espacios y los tiempos de silencios y diálogos. De silencios, por ser el elemento necesario para pensar y de diálogos como valor de búsquedas imprescindibles para respetar la propia autonomía de cada ser humano.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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25 de julio de 2010

 


LA UNIDAD DEL MUNDO Y EL EMPODERAMIENTO DE LA MUJER


El mundo, dentro de su variedad de mundos libres, que debieran serlo todos, necesita unidad de ser y de acción, sobre todo para las cuestiones de vida, como pueden ser los principios rectores de una política social y económica justa, capaz de proteger a los seres humanos por lo que son y representan. Sin duda, el mejor progreso humano, la más acertada política laboral, la principal defensa a la familia, la más sobresaliente protección a los derechos de las personas y a los recursos naturales, nace de la cooperación y colaboración entre todos los pueblos. La unión es el mayor de los poderes imaginarios y, la unidad, el supremo manjar de la estirpe. Cuidado con los dominadores que transmiten abecedarios falsos, carentes de ética y con la estética maquillada. Desde luego, nos hace falta avivar la sensibilidad cultural, el respeto a los valores y creencias de las naciones son indispensables para sustentar el diálogo. Sólo así se puede construir la unidad del mundo, alimentada por el sentido de solidaridad internacional.

Se precisa la unidad del orbe para frenar el aluvión de violencias e ilegalidades que se sufren por todos los rincones planetarios. Buena parte del mundo se desangra, otra muere sin conocer nada más que el llanto, son víctimas de gobiernos que no saben utilizar otro lenguaje, nada más que la guerra sucia como método electoralista o la trampa de la mentira como método destructor. Y ciertamente, la paz no podrá consolidarse sin un esfuerzo colectivo de unión. Por otra parte, cada día aumenta el número de refugiados que necesitan reconstruir sus vidas tras los conflictos. Todos somos necesarios para trabajar en la esfera humanitaria, en la política, en la seguridad y el desarrollo. Ya lo dice un proverbio africano “La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre”. Ahora bien, sólo en un planeta de ciudadanos honestos es posible esa unión verdadera y no interesada.

Precisamente, Europa, se viene debilitando por esa falta de unidad. El ciudadano europeo del nuevo siglo, endiosado por sus notables realizaciones, por sus conquistas científicas, por su vocerío de ideales de igualdad y de solidaridad, que después no son tantas ni tan verdaderas, falla en lo más fundamental, en hacer justicia al nombre europeísta de la unión. Europa sigue permaneciendo dividida. Y esta herida abierta en el costado del continente no ha hecho más que alimentar angustia y dolor. En otras regiones de África se advierte cada vez más riesgos para quienes intentan huir hacia otros países en busca de subsistencia. No se entiende y causa espanto que se suspendan servicios aéreos de asistencia humanitaria por falta de fondos, cuando el ser humano es lo más importante del mundo. Qué menos que hubiese unidad en todos los continentes para combatir en verdad la desnutrición y mejorar la seguridad alimentaria entre los grupos más vulnerables del planeta.

En esa unidad del mundo, la mujer debe ser considerada en igualdad con el hombre. Ellas tienen que ser también dueñas del cambio cultural. No se pueden imponer desde fuera otras costumbres. Curiosamente, todos los analistas internacionales coinciden en la importancia de invertir en el mundo femenino y en destacar su papel para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. “Hasta que las mujeres y las niñas no sean liberadas de la pobreza y la injusticia, todas nuestras metas –paz, seguridad, desarrollo sostenible- estarán en peligro”, acaba de decirlo el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. El derecho de las niñas a la educación es fundamental y hay que propiciar que así sea. Que la Asamblea General de la ONU apueste por la creación de una nueva entidad para la igualdad de género y empoderamiento de la mujer, bajo el nombre “ONU Mujeres”, es otro paso adelante que a buen seguro va a contribuir a ampliar las oportunidades y poner fin a la discriminación de la mujer en todo el planeta.

La unidad del mundo va a depender muy mucho del protagonismo de la mujer en la sociedad. Es de justicia que hombres y mujeres trabajen unidos en plenitud de condiciones y de capacitación para la construcción de un mundo más solidario. También los analistas coinciden en que esa potenciación del papel de la mujer, conocido como empoderamiento, pasa por respetar sus derechos humanos, la salud sexual y reproductiva, sin obviar la formación.

Estamos ya deseosos de que “ONU Mujeres” empiece a caminar. Lo va a hacer en enero de 2011 y apoyará, no sustituirá, los esfuerzos de las otras agencias del sistema de Naciones Unidas a favor de la mujer. Estoy convencido que sólo desde la educación puede forjarse la unidad y que, también, sólo desde la unidad (varón-mujer) se puede dar valor a esta vida que todos nos merecemos como personas. Nos llena de alegría, que mi país ( España) se haya convertido en la primera nación europea en unirse a la campaña Corazón Azul de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), que combate la trata de personas. Precisamente, según un informe de esa Oficina presentado en Madrid, el tráfico humano es uno de los negocios más lucrativos de Europa, siendo la mayoría de las víctimas mujeres jóvenes que con engaños son sometidas a violación, violencia y amenazas, son drogadas, despojadas de sus pasaportes y chantajeadas. ¡Qué pena de mundo!

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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4 de julio de 2010
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CALLES DEL DESCONSUELO

En todo el mundo hay calles del desconsuelo que nos dejan sin palabras, en donde nadie conoce a nadie, y a nadie le importa las penas del vecino. Cada día son más las avenidas dolorosas por las que transitan vidas desesperadas. Penas que se acrecientan porque la humanidad se ha divorciado del vínculo humano. Vivir ya no es humanizarse ni hermanarse, sino más bien trepar hasta las cumbres más poderosas, no importa que lo sea bajo el imperio de la necedad, haciendo trampas o poniendo en escena el orgullo, para quien todo se reduce a su propio yo. No en vano, tres cuartas partes de los mayores conflictos del mundo tienen una dimensión cultural, o sea, una dimensión inhumana, propia de una sociedad excluyente, que margina todo lo que no sea productivo. Sin duda, hay que desaprender esta forma de vida y aprender que todos, y cada uno de nosotros, precisamos ser aceptados por el simple hecho de ser personas.

El desconsuelo de las calles, cuajadas de almas humanas, es sólo un mero espejo del dolor que sufren personas sin recursos y sin trabajo. Hace bien, pues, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su anual Conferencia a celebrar entre los días 2 al 18 de junio en Ginebra, abordar el empleo como objetivo estratégico. Es lo fundamental, máxime ante el aumento sin precedentes del desempleo, el subempleo y el trabajo informal que asola todo el planetario. Porque no sólo hay que recuperar un trabajo decente para todos, también su dimensión humana. Incuestionable, el mundo debe funcionar mejor, es decir, más éticamente. Lo cruel es que la consideración brilla por su ausencia, inclusive en los gobiernos, y, el diálogo social, ni honestamente se propicia, ni tampoco se participa con afán de tolerancia. A lo sumo, se queda en las buenas intenciones. No pasa del papel y de la foto. Y así, desde luego, no se puede dar forma a una globalización justa y sostenible.

Por las calles del desconsuelo, que cohabitan esparcidas por todo el planeta, el mismo aire es un llanto y el mismo sol un infierno. Van crecidas de mendigos que no tienen nada, lo único que les acompaña es la soledad y los baños de frialdad de la gente. Ellos, los pobres, que nuestra indiferencia les ha hecho sabios y la insensibilidad nuestra ha generado monstruos por toda la tierra, han perdido la esperanza en el ser humano. Para ellos un día más ya es un milagro. Aquí cada uno va a su viento. En el horizonte se divisan pocos abrazos. A un lado está el mundo de los explotados, al otro el de los explotadores; de frente el mundo de los poderosos, al otro el de los desheredados por la mano de Caín; a espaldas el mundo de los que tienen todas las papeletas para sentirse humanos, al otro los que no tienen papeles y tampoco ni patria que les cobije. ¡Si pudiera ser que frotando dos mundos tan dispares saliera amor! Desaparecerían todos los nubarrones de la maldita crisis. ¡Qué bueno sería para todos hacer familia bajo el mismo cielo! Siempre andamos entre dos: Dos Españas. Dos Europas. Dos Américas. Dos Áfricas. Dos Asias. Dos mundos. ¿Y cuándo una España, una Europa, una América, un África, un Asia, un mundo y un solo corazón, el del hombre salvando al hombre? Ahí queda la propuesta para las autoridades de esta inmensa celda de injusticias que ciñen al orbe. Es hora de no perder el tiempo y concretar ayudas, la cooperación mundial debe colaborar a que estas gentes doloridas se les cambie la cara.

En cualquier caso, cuando tanto se habla de reformas económicas, nada se dice de la primera reforma, la humana, para que nadie se sienta como una colilla por las calles del desconsuelo. Tal es así, que cualquier medio es válido si nos lleva a los altares del dominio. Todo está permitido. El engaño, el fraude, la coacción, se justifica porque lo único que importa es conseguir el objetivo programado: el mayor beneficio y el mayor poderío. El mundo obrero, que no el del capital, también deambula por las calles del desconsuelo, afligido por si le alcanza la penuria de la cesantía, de la degradación o del despido, lo que hace aumentar el desespero por la inseguridad del futuro. Lo innegable es que se han perdido tantas solidaridades obreras, que la humillación del ser humano como sujeto del trabajo, alcanza cotas muchas veces insostenibles. Con el cuento de la crisis, que algunos no contribuirán con nada, los trabajadores cada día estarán peor remunerados y con menos derechos sociales. En parte, con todos mis respetos, se lo debemos a la vulgaridad que nos guía, que no ve más allá de su propia defensa, haciendo suyo el refrán de que primero son mis dientes que mis parientes.

Como aguante, en el sentido de armarse de paciencia, que no de resignación, piensen los de la calle del desconsuelo que con dinero tampoco se logra adquirir todo, por ejemplo: no se puede comprar la vida ni ser pobre. A lo mejor también tenemos que dejar de multiplicar los deseos. Sepan que únicamente del seno de la pobreza es de donde por lo común salen la ciencia, el ingenio y los talentos. Peor es caer en las redes de la avaricia, o sea en el consumismo, que no es otra cosa que un permanente malvivir en la pobreza por temor a ser pobre y no poder gastar. En el fondo, las calles del desconsuelo, se acrecientan en la proporción de la estupidez de quienes se quieren asimismo por encima de todo, considerando que el mundo existe por ellos. Por eso, creo que debemos hacer una denuncia razonable y razonada de los errores que nos han llevado a esta crisis, que por cierto vuelven a pagar los más humildes, no con grandes moralismos, sino con razones humanas y concretas, que resulten comprensibles para toda la humanidad. Sólo lo que se comprende se puede aprobar o reprobar. He ahí la cuestión.


Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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30 de mayo de 2010

UNA CULTURA PREVENTIVA

El planeta necesita una cultura preventiva. Es de agradecer que Naciones Unidas propicie este cultivo cada cinco años, desde 1955, en distintas partes del mundo y en torno a una amplia variedad de temas. Así, del 12 al 19 de abril, con el patrocinio del Gobierno de Brasil, tiene lugar el 12º Congreso en Salvador de Bahía, bajo el sugerente tema de las “Estrategias amplias ante problemas globales: los sistemas de prevención del delito y justicia penal y su desarrollo en un mundo en evolución”. Es tan justo como preciso estar en guardia, observar los muchos conflictos que asolan el mundo, y ver la manera de promocionar el estado de derecho en el planeta. El mundo necesita menos armas y más almas, ciudadanos libres y personas de paz, capaces de luchar por la justicia. En este sentido, hay que celebrar que Rusia y Estados Unidos hayan firmado recientemente un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas. El acuerdo, conocido por sus siglas en inglés START, fue firmado en Praga, la capital checa, y establece el compromiso de que ambas naciones reduzcan en un tercio sus respectivos arsenales nucleares.

Las armas tienen que dejar de hablar y enmudecerse, si realmente queremos activar una cultura preventiva que nos encamine a la paz. La justicia se defiende con la razón. Los artilugios armamentísticos para lo único que sirven son para matarse pobres contra pobres, para que haya niños soldados o para imponer poderes corruptos en países con democracia frágil. Por desgracia, el desarme es todavía una pedagogía educativa a la que el mundo le da la espalda. Quizás, en parte, debido al gran negocio que genera este tipo de industrias. A veces, paradójicamente, la educación, el alimento, el agua, la asistencia sanitaria, son más inaccesibles que las armas. Por ello, está muy bien que se celebren este tipo de congresos, a mi juicio de importancia esencial, dado que la globalización de muchos problemas presentes, ha transformado en prioridad urgente la colaboración internacional. Hoy sabemos por experiencia que a nada conduce la división entre naciones, el rearme sin límites y el uso incontrolado de artefactos; si acaso, a la violación de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos.

No le demos al mundo armas contra nadie, porque las utilizará más pronto que tarde, proporcionemos sabiduría, que es la serenidad inquebrantable. Sin duda, la mejor manera de injertar cultura preventiva contra la expansión de la delincuencia. Desde luego, hay que empeñarse en desterrar del planeta la violencia, el narcotráfico, las desigualdades y la pobreza, que son campo abonado para delinquir. Ya en aquel primer congreso de las Naciones Unidas, celebrado en 1955, se formularon ciertas recomendaciones sobre la prevención de la delincuencia de menores por medio de la comunidad, la familia, las escuelas, los servicios sociales, así como la selección y formación del personal de prisiones. A mi juicio, aún estamos bastante lejos de haber hecho todo lo posible, desde los diversos ámbitos sociales y vínculos familiares, para prevenir la delincuencia y reprimirla eficazmente, de modo que no siga perjudicando al planeta. De igual modo, a quien delinque hay que tenderle la mano y convencerle de la confusión de su camino, mediante programas de rehabilitación.

La prisión como castigo es tan antigua como la historia humana. En muchos países las cárceles están superpobladas lo que dificulta la reinserción y el trato humano, en otras sus condiciones de vida son muy precarias, por no decir indignas. Por otra parte, encarcelar a jóvenes adolescentes, en lugar de buscar alternativas, los marca de por vida como delincuentes. Meter entre rejas a un chaval, que a lo mejor roba para sobrevivir o para conseguir dinero para su adicción, no me parece en absoluto rehabilitador el hecho. Debiera apartarse del sistema de justicia penal a los muchachos que han cometido delitos de poca importancia; y, en suma, creo que la cárcel no debiera cobijar a ninguno, habría que mantenerlos separados de los adultos. Asimismo, pienso que deberíamos atajar, de una vez por todas, el aluvión de torturas que sufren muchas personas en el planeta, con penas crueles inhumanas o degradantes, y considerar las circunstancias con más justicia, desde la observancia del derecho. Por lo tanto, estimo vital promover el estado de derecho, cueste lo que cueste en todo el mundo, cuyos valores están llamados a expresarse mediante el establecimiento de una justicia penal que ha de considerar como intocable la dignidad de todo ser humano.

En cualquier caso, la creación de una cultura de prevención en un mundo globalizado y convulso, es un proceso que requiere del esfuerzo de todas las naciones e instituciones internacionales. Nuestra manera de pensar aún dista mucho de ser pacifista y pacificadora. La prevención tendrá más éxito si apenas se le oye, pero se enraíza desde edades tempranas con proyectos educativos ejemplares y ejemplarizadores. A veces, la responsabilidad de que el adolescente sea un inadaptado, es más colectiva que individual. Y esto hay que considerarlo. Está visto que la miseria, la falta de referentes, la educación deficiente, la malnutrición, el analfabetismo, el desempleo, la ociosidad,…; son factores que avivan la marginalidad y las conductas antisociales. En la mayoría de los casos, la delincuencia juvenil comienza con delitos menores, generalmente hurtos y conductas violentas, cuya causa se puede conocer y corregir, ya sea desde el medio familiar o en instituciones. Pues manos a la obra, que no hay obra sin esfuerzo y ternura, en un mundo con demasiados muros que no dejan ver el horizonte de la honestidad.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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11 de de abril de 2010

 

 

 

 

 

LA VOZ DE LA POESÍA Y EL LENGUAJE DEL AGUA

El verso fue primero que el lenguaje del agua, fue la luz que nos permitió ver el despertar de la vida. Asimismo, es también cierto que un ser humano sediento desfallece, pero si no presta oído a la voz de la poesía jamás conocerá lo que es el amor. Y es oxigeno viviente. La coincidencia, por consiguiente, de que tras el día mundial de la poesía (21 de marzo), llegue el día mundial del agua (22 de marzo), me parece un buen nexo de unión. Primero se ahonda en la palabra y luego, tras el principio de esa palabra, en el principio de las cosas. La poesía sintetiza, emociona, nos brinda una manera de entrar en diálogo con nosotros, lo más difícil. Porque al fin y al cabo todos nos planteamos los mismos interrogantes y nos bañamos con los mismos sentimientos. No sólo hay que inyectar poesía en los sistemas educativos, de igual modo hay que hacerlo en el diario de la existencia humana. Ya lo dijo Lorca, “el más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida”. A los hechos me remito, con un poema se puede abrazar al mundo, y fruto de esa autenticidad descubrir el cauce de la verdad, el único manantial que nos hace libres.

Evidentemente el agua es fundamental para la vida. La apuesta de “agua limpia para un mundo sano” debe ser voz única, porque es la mejor estrofa para un mundo que deseamos gire con la poesía. A poco que uno camine por la vía del mundo, observa los sollozos de los ríos, que no pueden caminar con más carga de residuos contaminantes, igual le pasa a los fondos marinos, donde la biodiversidad necesita con urgencia habilitarle pureza para que pueda subsistir. A diario, y en todas partes del planetario, se vierten aguas residuales por doquier, hasta el punto que la incolora, inodora e insípida flor de lágrima es un bien escaso. Como siempre la factura de la escasez la siguen pagando los pobres que son los que menos contaminan. Se dice que el mundo dispone de los conocimientos suficientes para resolver estos problemas y gestionar mejor los recursos hídricos. Pues hágase. Revisemos los modelos actuales de comportamiento. Volvamos a la poesía. Que el hombre retorne al poeta que lleva consigo. Hace falta para ello, prestar atención a los principios fundamentales del orden ético y moral, principios arraigados en el corazón y en la conciencia de todo ser humano. O sea, entrar en contacto con el amor, que es el poema fuente del planeta. Dicho queda.


Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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LA ESPIRAL DE VIOLENCIA ASOLA AL MUNDO


 

El mundo de los violentos, aquellos que todo lo confían a la fuerza, acrecientan sus simientes por el odio que injertan a diario en el manuscrito del tiempo. La escena de violencia permanente es una plaga que se crece por todo el planeta. Hoy se asesina por nada: para robar cualquier objeto de poca monta, por encargo o por venganza, por pensar diferente y hasta por el divertimento de haberme mirado mal. Las armas de fuego circulan sin control alguno, con la altanería de la violenta libertad. Al final tenemos lo que hemos cultivado. Deberíamos poner límites. La exposición frecuente de los niños a intimidaciones en la calle, a fanatismos en los medios de comunicación, a brutalidades en los propios hogares, aviva comportamientos agresivos que son luego difíciles de cambiar. Jamás se puede justificar barbarie alguna en nombre de religión o cultura. Por ello, es importante reafirmar el camino del diálogo, del respeto a las diferencias, pues todo lo que se consigue con saña, solamente se puede mantener con ira. El buen juicio, el justo acercamiento, no necesita de la coacción, ni de una avalancha de pólvora.


 

El terror asola al mundo. La educación está siendo también víctima de la violencia armada. Así lo refleja un estudio reciente de la UNESCO. Los ataques perpetrados por motivos políticos o ideológicos contra profesores, alumnos y centros docentes, prosigue el camino del ascenso. Educar para la paz molesta a los violentos. Esto de que la fuerza bruta prevalezca sobre el argumento intelectual hay que desterrarlo. Los derechos humanos y el derecho humanitario no deben conocer de lenguas ni religiones, y han de ser materia común en todos los planes educativos. Abrir fuego contra la enseñanza como ha manifestado la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, aparte de constituir una amenaza contra el derecho a la vida, atenta contra el derecho a la educación y, además, pone en peligro la consecución del objetivo del movimiento en pro de la educación para todos. Una humanidad que no se educa es una humanidad perdida, que consume rencor y busca sensaciones crueles. Nada le importa el ser humano, ni su dignidad, ni su vida, ni la libertad del ser humano. Por tanto, considero fundamental promover una escuela educativa que active las conciencias, e instruya a las personas en la responsabilidad. Para decir no a la violencia hay que decir si al compromiso que ello encierra.


 

En nuestra sociedad, altamente intimidada, suele usarse el lenguaje como arma de guerra para destruir al adversario, en lugar de utilizar la palabra para convencer. Nada es tan estúpido como vencer sembrando cizaña. Lo auténticamente liberador es que al ser humano le dejen vivir, y pueda vivir, al tiempo que crecer en humanidad. Por el contrario, no hay nada más mezquino que el ser humano se envilezca y se envicie renunciando a su ternura humana. Sólo una ciudadanía que ama la amabilidad, que respeta la vida de toda persona, que se pone a la altura de sus semejantes, es capaz de moderar culturas. Si en verdad queremos frenar el mundo de las violencias, tenemos que pensar en el cambio personal, en fomentar hábitos de convivencia más sensibles, con mayor apasionamiento por la bondad, puesto que todos somos copartícipes de la misma historia de vida.


 

Ha llegado el momento de parar la violencia. Hay motivos para hacerlo. Porque tenemos que tomar en serio el futuro de la humanidad. Porque si no lo hacemos, seguiremos con el miedo en el cuerpo. Porque la brutalidad dificulta la evolución social hacia una verdadera era de entendimiento y familia humana. Porque sólo resolveremos los problemas globales a los que nos enfrentamos, trabajando codo con codo, con la finura de sentirnos unos y otros, alma de nuestra alma. Porque el amor, la empatía, el hermanamiento, la generosidad, el perdón, son pautas de gozo en la salud de cada ser humano. En consecuencia, es el momento de que todos los gobiernos y naciones condenen las diversas formas de violencia, discriminación e intolerancia, que cohabiten en su hábitat. No hace falta sacar el ejército a la calle. Lo que es necesario es ofrecer camino, con la verdad como estandarte, por todos los rincones del mundo. Quien no comprende una mano tendida tampoco comprenderá lecciones de solidaridad.


 

No a la violencia, pues, en un mundo que tiene que dejar de ser violento por si mismo. La verdad que estamos bañados de violencia por todas partes. Violencia en las familias. Violencia social. Violencia en las plazas. Violencia contra los débiles. Violencia ciega que no respeta ley alguna. Violencias al por mayor en un clima permisivo. Violencia sexual. Violencia impuesta. Violencia como recurso. Violencia como expresión. Violencia del ojo por ojo… Sólo el amor es más fuerte que todas las violencias juntas. No es fácil llegar a ese amor desinteresado y servicial, máxime cuando los valores éticos no se consideran, cuando la atmósfera anda putrefacta, cuando se deforma y trivializa lo que representa el ser humano en el planeta, y cuando se trata de inducir a estilos de vida donde el ardor guerrero tiene raíces. Como dijo Amado Nervo “hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo”. En cualquier caso, creo que deben ser comprensibles las diversas visiones del ser humano, como singularidad de cada cultura, pero lo que no pueden admitirse son concepciones que impulsen a la intolerancia más bestial. No hay razón para la violencia, la violencia es la mayor locura de insensatez. La moderación siempre inspira afecto. Algo de lo que carecemos.


 


 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

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(14 de febrero de 2010)

 

AL MAR TODAS LAS LÁGRIMAS VAN

Desde que Gustavo Adolfo Bécquer vociferó a los cuatro vientos, que también “¡las lágrimas son agua y van al mar!”, me sobrecoge aún más la amargura. El mar, la mar, siempre olvidada y siempre querida. Europa, que es ribereña de dos océanos y posee cuatro mares que albergan multitud de actividades, desde el comercio y el transporte hasta la pesca y el turismo, está dispuesta una vez más a poner orden en sus aguas. La verdad que, con tantos silencios de dolor rumiados, cuesta esperanzarse.

Los vertidos tóxicos, las prácticas de pesca ilegal y no regulada, la explotación excesiva, la piratería, la delincuencia organizada, el tráfico de drogas, la inmigración ilegal, el robo a mano armada contra los buques, las amenazas terroristas, todo esto y más, hoy por hoy navegan por alta mar con crecido despecho, desbordante altanería y desprecio total por la vida marina. Los navegantes y los hombres de mar sufren todas estas consecuencias y aumentadas. Son los grandes sufridores. Soportan el aislamiento familiar con la prolongada permanencia en el mar, los obstáculos para la defensa de derechos, la peligrosidad de las faenas, el choque con ambientes de otras culturas. Para colmo de males, las autopistas del mar están colapsadas de chatarra flotante y de rumbos tan necios como traicioneros.

Pienso que algún día llegará la cordura. ¡Qué no tarde en saltar la chispa sabia! Con urgencia deben considerarse importantes los mares y océanos. El día que desde la tierra nos tomemos en serio la cultura del mar, que es cultivo de vida, ganaremos la cortesía del aire que hace más confortable el viaje. Por desgracia, la mano del hombre está causando graves estragos en las aguas del mundo. Esa es la pura verdad. Lo demás son propósitos de enmienda que no llegan nunca a enmendarse del todo. La consecuencia de tantos desmanes ahí está, con el aumento de las temperaturas de los mares, la elevación del nivel del mar y la acidificación de los océanos. Hay un deber internacional de proteger y avivar la cultura marina, pero también hay una obligación individual que nos incumbe a todos. Podemos pensar que lo que hacemos con nuestro esfuerzo es tan solo una gota en el mar, pero la mar sería menos si le faltara esa gota que, como nuestras lágrimas, implícitamente llevan la sal de la existencia.

Los tesoros del mar como los de la tierra hay que cuidarlos. Forman parte de nosotros. Por todo ello, tenemos que mimar antes que explotar recursos marinos, hacerlo de forma responsable. El precio humano de la grandeza es, sin duda, la responsabilidad que pongamos en los quehaceres. La factura del deterioro del medio marino y costero es tan pública como notoria. Hay que hacer algo. Lo decimos todos. Seamos navegantes de luz y el que no sepa por qué camino llegar al mar, tome el río de su pueblo y límpielo.

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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LA VIGENCIA DEL GRAN ESCÁNDALO

Todavía sigue siendo cierto que los éxitos se los llevan constantemente los fuertes, mientras que la colección de fracasos está invariablemente del lado de los débiles. Para botón de muestra este paradigma. Se dice, se comenta, que los gobiernos de los países industrializados (poderosos) están saliendo ya de la crisis, pero deben estar tan ensimismados mirándose el propio ombligo de los afamados “brotes verdes”, que no parece ocuparles, ni preocuparles, el cumplimiento de sus compromisos financieros para ayudar a las naciones en desarrollo a superar la pobreza extrema y combatir el hambre. Hay que continuar luchando contra la pobreza más allá de las meras campañas publicitarias La evidente brecha creciente entre ricos y pobres en el planeta, pese al nuevo crecimiento que atisban los acaudalados de siempre, pone en entredicho la justicia social. Si el fruto de la conciencia solidaria estuviese maduro, la alimentación y el acceso al agua no se le negaría a ningún ser humano.

En este mundo bañado por la información, enganchado a la técnica como nunca, el pobre sigue excluido del circuito laboral, del económico y también del humano. Como ya sentenció el escritor García Márquez, adelantándose al tiempo, “el día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”. Hay que cambiar de actitud y esto no es fácil. ¿Quién está dispuesto a poner su mente y su corazón en estas realidades, de abrirse a la auténtica solidaridad, de manera que todos nos sintamos responsables de todos? Por desgracia, estamos siendo testigos de la instauración de un mundo en el que la avaricia de unos poderosos continua dejando a los débiles en la otra orilla, en la de la desesperación. Ya me gustaría que las Orientaciones políticas para la próxima Comisión Europea, impresas por José Manuel Barroso, recién elegido por otros cinco años Presidente, pasaran del papel a la acción, situando a las personas en el centro de todas las agendas de los gobiernos del mundo. Sin duda alguna, para una Europa construida sobre ciertos valores, el reto moral de la pobreza tiene que ser un deber de justicia. Falta hace. La ayuda alimentaria mundial está en su nivel más bajo en los últimos veinte años, justamente cuando la cifra de hambrientos más ha crecido.

Ya está bien de que cuando los ricos hacen la guerra, sean los pobres los que mueren. O cuando una parte del mundo capitalista entra en crisis, sean los pobres los que paguen la factura. La advertencia lanzada por Josettte Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos, de que “hemos visto en la historia que un mundo hambriento es peligroso, puesto que si la gente no tiene suficiente para comer, sólo pueden ocurrir tres cosas: rebeliones, migraciones o muertes”, debe hacernos reflexionar a todos con todos. El drama de la pobreza no son meras estadísticas, son personas. Por ello, cada ser humano, por ínfimo que sea su poder, puede y debe hacer algo para aliviar el hambre del mundo. Podría ser adoptar un estilo de vida y de consumo más responsable. Qué lección más precisa. Ya no digamos de los dirigentes políticos, de los hombres y mujeres con poder de Estado en un país industrializado o en vías de desarrollo, frenando la corrupción por ejemplo. Al final, lo más escandaloso que tiene el escándalo es que nos acostumbremos a convivir con la pobreza como si no fuera con nosotros.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
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